La refundación del Perú

Debemos tener una nueva Constitución tiene como objetivo la refundación del Perú como una república democrática y social, en el más pleno sentido de la palabra. Esta refundación es una urgencia, no solo por una evaluación de nuestra historia, sino porque en este último período de vida republicana, con mucha mayor intensidad que en otras épocas, nos han azotado múltiples desgracias.
Muchas son las promesas que han sido incumplidas, muchos los crímenes impunes que se han cometido contra los peruanos por parte de los que decían querer lo mejor para el Perú, terrible ha sido el saqueo de nuestras riquezas por un puñado de grandes empresas, la sobreexplotación del trabajo de millones de compatriotas y la afirmación de nuestra condición de país dependiente. Todo esto ha sido hecho desde una visión colonial, por parte de quienes ven este país como una plataforma de negocios orientada al exterior, antes que como un hogar para construir algo que valga la pena dejarles a nuestros hijos.
Los discursos que han buscado incorporar el término refundación no han sido pocos. Desde algunos caudillos militares en el siglo XIX que llegaban al poder por la vía del cuartelazo o golpe de Estado y buscaban presentarse como los salvadores que inauguraban una nueva época, hasta gobiernos militares como el de Velasco, que hicieron de la transformación su bandera. Sin embargo, la demagogia en los primeros no tuvo mayor efecto práctico, mientras que el velasquismo implementó un amplio programa de reformas que, aunque no llevó al éxito del proyecto nacionalista, dejó honda huella en el país.
El término vuelve a usarse por distintos actores sociales y políticos en el curso de la última crisis, aunque de manera aislada sin una proyección clara en un proyecto de conjunto. La diferencia entre estas distintas referencias está en la herencia colonial, para los caudillos del siglo XIX esta era su tradición social y política, para los militares reformistas empieza a parecer como el lastre a superar. En la última crisis recién adquiere sentido cuando se relaciona con la herencia colonial. El punto está entonces en la conexión que se establezca entre refundación y colonialidad; si la primera significa superar la segunda, vamos por buen camino.
No se trata, por lo demás, y este es otro punto muy recurrido por los críticos, de fundación sino de refundación, porque hay que asumir todo lo bueno de estos 200 años de historia, tanto desde el movimiento popular y los partidos democráticos y progresistas, que por la vía de grandes olas democratizadoras ha traído derechos y reconocimientos, como desde el propio Estado que, en sus momentos reformistas, como el velasquismo, impulsó también la democratización. Pero hay necesidad, con estas salvedades, de un nuevo comienzo que sea ruptura más que continuidad. Un nuevo comienzo ante la desesperanza que viven la abrumadora mayoría de los peruanos que nos ponga frente a la posibilidad de un futuro mejor.
El reto es doble, porque a diferencia de otras latitudes, en las que la nacionalización y la democratización fueron sucesivas, debemos construir nación y democracia al mismo tiempo. Esto significa terminar con la herencia colonial, el lastre mayor que nos impide ambas cosas. Formar la nación en nuestra diversidad será por ello la manera de forjar una identidad plural, en cuyo proceso construyamos la democracia que convoque a todos los peruanos sin distinción y que por ello pueda durar en el tiempo para las futuras generaciones.
Nicolas Lynch – Sociologo y docente de la UNMSM -CLACSO




