pressadminjunio 10, 20229min804

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Nuestro Bicentenario: entre la cacocracia y la cleptocracia

cinco cacos

Imagen. Prensa Regional

Era impensable que, en plena conmemoración del bicentenario de nuestra independencia, el Perú vea convertida su esquiva democracia (gobierno del pueblo) en una sorprendente cacocracia (gobierno de los peores, ineptos o incapaces) y en una sólida cleptocracia (gobierno de los ladrones y corruptos). El mayor periodo democrático y de transiciones democráticas de nuestra historia, duele decirlo, es también el mayor periodo de transiciones gubernamentales plagadas de corrupción y la sucesión de gobiernos corruptos con el agravante de la masificación de incapaces, ineptos y los peores ciudadanos en el ejercicio de los puestos de gobierno.

Da vergüenza constatar que, en los últimos tiempos, en todos los niveles de gobierno, salvo excepciones, los peruanos elegimos como gobernantes locales, regionales o nacionales a ladrones, corruptos o a los peores y malos, peor aún, a una simbiosis de ellos. El bicentenario peruano, tienen el signo de la cacocleptocracia, es la expresión del gobierno de los ladrones y peores, de los corruptos e ineptos, de los delincuentes y malos. Es lo que hemos construido y permitido, es lo que nos corresponde destruir y corregir. Es lo que tenemos por responsabilidad nuestra, no es lo que merecemos.

La corrupción en el Perú es histórica y estructural, transversal y vertical; no tiene ideología ni religión, nos ha acompañado siempre, nos ha perjudicado toda la vida. Muchos gobiernos y gobernantes se han salvado de la justicia, hoy muchos se siguen salvando a pesar que todo se judicializa. Gracias a la prensa y la justicia, podemos conocer corruptos de derecha, izquierda y centro; en municipios, regiones y gobierno nacional.

Hoy nuestra desgracia es que los vehículos para elegirlos, los partidos (algunos calificados de organizaciones criminales por la Fiscalía de la Nación) nos brindan una oferta política electoral plagada de corruptos; los escrúpulos que antes perecían existir han desaparecido por completo. Las reglas de juego están diseñadas para permitir que ello ocurra o para facilitar el rol permisivo de las autoridades judiciales y electorales en tener candidatos con prontuariado. Y los ciudadanos hemos perdido capacidad de información e indignación respecto de quienes son las personas a quienes elegimos para que nos gobiernen. Elegimos corruptos porque la oferta electoral está saturada de ellos, las normas lo facilitan y los ciudadanos lo permitimos.

La corrupción enquistada en el gobierno, la cleptocracia, hasta es aceptada y justificada en nuestro país, el “roba, pero hace obra” ha sido un perdón y antivalor muy dañino en nuestra construcción ciudadana, es la justificación del robo, del delito contra uno mismo si al final existe una obra o proyecto que lo “disculpe”. Hay ladrones que han gobernado, cumplido su pena y han vuelto a gobernar o quieren gobernar, y hay partidos que los buscan y ciudadanos que los eligen, es la democracia corrompida, es la cleptocracia que se consolida en nuestro país.

Antes existían corruptos dentro de los gobiernos, hoy parecen gobiernos corruptos con valiosas excepciones de funcionarios honestos. La corrupción nos ha acompañado en los gobiernos, hoy parece haberse convertido en sistema de gobierno. La democracia, el gobierno del pueblo, en el Perú, en los últimos años parece una cleptocracia o gobierno de los corruptos. Basta revisar la historia de nuestros gobiernos y autoridades en los últimos 50 años y daremos fe de ello, salvo Belaunde y los 2 presidentes de transición, todos los demás están acusados o procesados por actos de corrupción.

Los últimos años en el Perú, evidencian un fenómeno nuevo, la masificación en la elección de autoridades y designación de funcionarios sin la debida preparación para el ejercicio del cargo o puesto de gobierno, es la cacocracia, el gobierno de los malos, los ineptos, los incapaces, los peores. El gobierno actual es la máxima expresión, en lugar de celebrar nuestro bicentenario con las mejores autoridades, parece obsesionado con celebrar con las peores autoridades. No existe en nuestra historia, una vocación gubernamental tan “interesada” en designar a diario a personas sin conocimiento, experiencia, formación y con los peores antecedentes para el ejercicio de altos, bajos y medios cargos públicos.

Existiendo buenos profesionales en todo el país es vergonzoso ver el espectáculo gubernamental de designar funcionarios sin la debida preparación y experiencia para el cargo y muchos de ellos con antecedentes judiciales. Indigna ver como se vende cargos al mejor postor, cobra por designaciones y gestiona desde la periferia o espaldas del gobierno, aprovechando la ignorancia, inexperiencia e impericia de nuestros gobernantes. El deterioro de nuestra democracia en cacocracia es una peligrosa constante y tendencia que debemos erradicar a pesar de un gobierno obstinado en patentar su sello de cacocleptocracia.

El patético espectáculo diario que brindan gobierno y oposición, ejecutivo y congreso, zarandean la viabilidad democrática de nuestro Perú entre la cacocracia y la cleptocracia, pocos se salvan y no alcanzan para salvar a nuestro país. Es poco lo que se puede esperar de ellos, pero es mucho también lo que se debe construir con ellos. Lo diré de esta manera, recuperar nuestra democracia de nuestros actuales gobernantes (ejecutivo y legislativo) requiere nuevos actores, nuevas reglas, nuevas elecciones y nuevos gobernantes. Seguiremos con muchos y por muchos años, pero es momento de iniciar esta profilaxis en beneficio del país. No habrá democracia ni Perú viable si seguimos dejando que nuestra democracia peruana sea convertida y fortalecida como una cacocleptocracia.

Sueño en el despertar ciudadano y en la activación de la sociedad civil, ella debe airear el circulo vicioso en que se mueve nuestra clase política, dejar las salidas a ella y solo a ella, es dar vuelta sobre lo mismo sin perspectiva de futuro. La sociedad civil debe irrumpir y proponer salidas democráticas a la crisis actual, debe trabajar con la clase política y conjuntamente construir nuevas reglas de recuperación democrática. Hay gremios sociales, empresariales, de profesionales que deberían asumir este rol antes que sea demasiado tarde, podemos rescatar aún nuestra democracia de las garras de la cacocleptocracia.

Lo peor que puede ocurrir, es que, en cualquier momento, con acusación constitucional o vacancia, con recorte de mandato y adelanto de elecciones, el ejercicio gubernamental gire como un péndulo entre corruptos e ineptos, entre ladrones e incapaces, sin la voz, pero siempre con el voto de los ciudadanos. Casi al término de nuestro bicentenario, hay más vergüenza que logros, hay más desgobierno que gobierno, hay más retos que riesgos. Hace 200 años nos independizamos y dejamos de ser colonia, hoy nos corresponde independizarnos del gobierno de los peores y corruptos. Hagámoslo, siempre podemos y debemos ser un Perú mejor.

Rudecindo Vega Correazo – Diario Uno – Otra Mirada

 

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