Flora Tristán: pionera del feminismo y defensora de los derechos de las mujeres

Hugo Amanque Chaiñamarzo 5, 202613min0
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Flora Tristán: pionera del feminismo y defensora de los derechos de las mujeres

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Son pocas las figuras en nuestras genealogías feministas que han demostrado tener la capacidad de movilización emancipatoria de Flora Tristán. Nada más elocuente de la contemporaneidad de su espíritu que la fuerza dramática que nos sigue transmitiendo hoy a sus lectoras de Peregrinaciones de una paria, relato de viaje que aborda el conjunto de violencias de género que enfrentó antes, durante y después de su estancia en el Perú en 1833. El registro detallado de los testimonios de dolor de las mujeres que conoció en su viaje, desde esclavas de hacienda, monjas enclaustradas y señoras desdichadas, la orientaron a leer las situaciones límite que ella misma había vivido como producto de una violencia social estructural antes que de circunstancias personales.

Fue sin embargo en su encuentro con mujeres de temple desafiante como las tapadas limeñas y La Mariscala donde se aloja la semilla de su posterior reinvención política. En esta sociedad en pleno tránsito entre la colonialidad y la modernidad en la que medraba la corrupción y reinaba la ignorancia, descubrió que había una diversidad de mujeres que habían conquistado cierta libertad de movimiento y acción que hubieran sido inimaginables en París o Londres, ciudades que ella conocía bien.

“La relación entre los sexos” en el país de su padre parecía seguir reglas de juego inéditas en Europa, y los paradigmas de conducta tan claramente demarcados en la Francia borbónica en la que ella había crecido, aquí no parecían respetarse. En contraste con las europeas “quienes desde su infancia son esclavas de las leyes y de las costumbres”, escribió, las peruanas iban solas al teatro, a las asambleas, al Congreso, a la iglesia y a las calles; además, elegían a quienes amar, fumaban, y opinaban de política. Eran pues más dueñas de sus vidas que sus connacionales.

Es probable que sin el encuentro personal con estas figuras de femineidad heterodoxa Flora no habría regresado a su patria con la convicción necesaria para desnaturalizar las jerarquías e identidades de género en las que se había formado, y para emprender la campaña emancipadora de mujeres y obreros que a la postre la convertiría en la figura histórica trasatlántica que hoy admiramos. Es aún más probable que sin su terca apuesta por fertilizar la experiencia de viaje con la pluma no habría logrado romper con el silencio cómplice y transformar los avatares de su vida en texto público que inspirara a futuras generaciones a confiar en que lo personal es siempre político.

Ángela Luna y Luis Sihuacollo

ACTIVISMO POLÍTICO Y FEMINISTA

A inicios del siglo XIX el mundo occidental se encontraba aún en un periodo de fuertes convulsiones sociales debido a la grave recesión económica y la crisis política que atravesaba el continente europeo. Luego del estallido de la Revolución Francesa (1789), comenzó a surgir un nuevo orden mundial. En Francia se instauró la república, una forma de gobierno en el que se eliminaron los privilegios de la monarquía y el clero. Todos estos cambios se dieron bajo los principios de igualdad y libertad para los hombres; no obstante, las mujeres mantuvieron su condición de ciudadanas de segunda clase, porque otorgarles derechos civiles hubiese representado un peligro para la continuidad del poder patriarcal.

A pesar de ello, las mujeres no fueron ajenas a estas luchas y se rehusaron a continuar en aquella situación de opresión, como fue el caso de la activista francesa Olympia de Gouges (1748-1793), quien presentó a la Asamblea Nacional Francesa La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía (1791) y que al poco tiempo murió guillotinada. Luego fue Mary Wollstoncraft (1759-1797) quien publicó el libro la Vindicación de los derechos de la Mujer (1792), considerada una obra fundamental del feminismo contemporáneo, y que influyó en muchas mujeres relevantes de la época, como fue el caso de Flora Tristán (1803-1844).

El pensamiento feminista de Flora Tristán se formó desde muy temprana edad, cuando falleció su padre, Mariano Tristán y Moscoso, y el matrimonio de éste con Thérèse Laisney quedó invalidado ante la ley, lo cual la convertía en hija ilegítima. Posteriormente, persuadida por su madre y por las necesidades económicas que padecía, contrajo matrimonio con André Chazal. Debido a sus constantes abusos, Flora se separó y comenzó su lucha por cambiar las leyes francesas para obtener el divorcio y los derechos legales de sus hijos e hija.

Siempre inconforme con lo que le tocó vivir, Flora Tristán comenzó el peregrinaje de su vida a través de los viajes, la escritura y el activismo político. En 1826, se inició como viajera al recorrer por dos años algunos países de Europa. Luego se embarcó hacía el Perú, la patria de su familia paterna, para reclamar sus derechos como única heredera de Mariano Tristán. Si bien esta experiencia fue decepcionante porque no consiguió el ansiado reconocimiento legal y económico, surgió en ella una conciencia feminista que la acompañó hasta el final de su vida. Durante su estancia en el Perú pudo constatar la existencia de una evidente desigualdad que soportaban las mujeres en general.

Flora Tristán retornó a Francia convencida de utilizar la escritura como medio para modificar las leyes que perjudicaban a las mujeres. Esto la motivó a publicar su primer texto, Necesidad de acoger bien a las mujeres extranjeras (1835), que tuvo mucha acogida por la intelectualidad internacional, lo que la convirtió en un personaje público e influyente. Su legado intelectual, aún vigente, reivindicó la idea de que lo personal debe ser público y por lo tanto político, y propuso la urgente necesidad de mejorar las condiciones laborales y económicas de las mujeres en situación de precariedad.

CREACIÓN Y TRASCENDENCIA

El 7 de abril de 1833, justo el día que cumplía 30 años de edad, Flora Tristán partió de Francia con rumbo al Perú con el objetivo de obtener la herencia de su padre. Fueron cinco meses de travesía y finalmente llegó a Arequipa. El recibimiento fue pomposo, incluso le regalaron una esclava, con lo cual supo de inmediato que se trataba de un país que mantenía valores coloniales, todavía hoy vigentes. Sin embargo, el objetivo de su visita no tuvo éxito. Ya en Francia, y con toda la experiencia acumulada, escribió en 1835 su primer ensayo, Necesidad de acoger bien a las mujeres extranjeras. Unos años después, en 1838, editó el más difundido de sus libros, Peregrinaciones de una paria.

Además de ser un diario de viajes de carácter confesional, Peregrinaciones… es también una contundente crítica social de la realidad peruana del siglo XIX. Por esa razón, los pocos ejemplares que llegaron al Perú fueron quemados en la Plaza de Armas de Arequipa por el obispo de turno y por Pío Tristán, su tío. Debe destacarse que la primera traducción íntegra al castellano de las Peregrinaciones… estuvo a cargo de Emilia Romero y se publicó en Lima, en 1946. Allí, el historiador peruano Jorge Basadre señaló que “cuando algunos soñadores quieran embellecer aquella época, este libro servirá para la necesaria tarea de desilusionar”.

También en 1838 se publicó en dos volúmenes su única novela, Méphis, la que trasluce en sus personajes las ideas que Flora mantenía respecto de la mejoría de la humanidad, en la que el proletario jugaba un papel fundamental. Todavía no existe versión castellana de esta obra.

Dos años más tarde, en 1840, Flora Tristán publicó Paseos en Londres. Su primera edición fue silenciada por la prensa, pues denunciaba abiertamente la explotación del obrero y su familia, la situación de las mujeres y la prostitución como forma última de sustento. Para su redacción, viajó a Londres y visitó diversos talleres, prostíbulos, barrios marginales, fábricas, centros de enfermos mentales, además de las instituciones en que se reunían los miembros de la aristocracia británica.

En 1844 se editó otro libro suyo que sostenía un programa de naturaleza socialista que defendía la necesidad de los trabajadores de organizarse y lograr una “unidad universal”. El libro era la Unión obrera. Para su publicación, la autora tuvo que recurrir a una colecta entre sus amigos y otros activistas que compartían sus ideales. Flora Tristán creó la consigna “Proletarios del mundo, uníos”, la misma que más tarde se popularizó con Karl Marx y Friedrich Engels.​ De este modo, fue la primera mujer en hablar de socialismo y de la lucha de los proletarios.

En 1845 se publicó de manera póstuma su libro La emancipación de la mujer, en el que invitaba a una liberación femenina de la esclavitud impuesta por la sociedad patriarcal, la religión, la organización política del Estado y el sistema económico de propiedad privada. Finalmente, en 1973 se publicó en francés los apuntes que Flora Tristán elaboró durante su gira alrededor de las principales ciudades francesas con el objetivo de difundir sus ideas y organizar a los obreros. El manuscrito, guardado por su amiga cercana Éleonore Blanc, se editó como El tour de Francia y fue en realidad el resultado de un viaje organizativo de la clase proletaria de Francia que se frustró en 1844 a causa de su inesperada muerte en Burdeos.

 Francesca Denegri

 

Hugo Amanque Chaiña


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