¿Quiénes son los responsables del desborde de torrenteras y qué hacer ante esta crisis que afecta a miles de hogares de Arequipa?

Hugo Amanque Chaiñafebrero 25, 202621min0
Hugo Amanque Chaiñafebrero 25, 202621min0

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¿Quiénes son los responsables del desborde de torrenteras y qué hacer ante esta crisis que afecta a miles de hogares de Arequipa?

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Siete fallecidos es el saldo parcial y miles son los damnificados en Arequipa en las zonas urbanas de Cayma, Yanahuara y Cerro Colorado, producto de la intensas lluvias que desbordaron las precarias torrenteras de la ciudad que inundó viviendas construidas irregularmente en los bordes de las quebradas que encontró cuellos de botella ante la incompetencia y negligencia y probable corrupción de autoridades municipales y regionales que no fiscalizaron estos hechos como lo señala la legislación vigente en materia de gestión de riesgos.

Una lección que nos deja este caso en Arequipa, es que hay responsables directos e indirectos en esta tragedia que podría repetirse si no se actúa rápidamente en forma concertada. Arequipa Misti Press, solicitó a varios profesionales de nuestra ciudad una breve evaluación sobre lo sucedido y las responsabilidades. Pero, lo más importante, qué debemos hacer como Estado y sociedad organizada para evitar que esto no vuelva a suceder en el futuro, por lo que les pedimos aportes y sugerencias para que nuestras autoridades regionales, provinciales y locales concerten y ejecuten para que los fenómenos naturales no nos ocasionen más tragedias en los próximos años. Agradecemos el aporte de dichos profesionales al Portal Arequipa Misti Press y compartimos con nuestros lectores las sugerencias aportadas.

Arquitecto, Alberto Llerena, Decano Interino del Colegio de Arquitectos de Arequipa

“En esta tragedia que soportan centenares de familias de algunos distritos de Arequipa por las intensas lluvias creo que todos somos responsables en mayor y menor medida. En primer lugar, el promotor inmobiliario que cuenta con arquitectos e ingenieros que elaboran proyectos cuyos expedientes pasan a las municipalidades quienes los aprueban u hacen observaciones. Les otorgan licencia de construcción y empieza la ejecución del proyecto de las obras cuando los predios son rústicos para convertirse en urbanos. Hay casos donde también hay traficantes de lotes que invaden torrenteras y venden esas zonas ante la pasividad e indiferencia de las autoridades. Una primera lección es que las personas no deben comprar terrenos en zonas de riesgo.

Respecto a las torrenteras en la ciudad, estas no han tenido mantenimiento en las franjas laterales que deberían haber tenido con un mínimo de cinco metros de profundidad con un ángulo de 60 grados de pendiente y tener áreas de retiro de por lo menos 6 a 8 metros con árboles a ambos lados lo que podría haber amenguado las inundaciones de casas en la parte baja de Cayma y Yanahuara donde los desbordes de lodo y agua afectaron decenas de viviendas.

Las torrenteras que tenemos en Arequipa nacen al pie de los volcanes Misti y Chachani y llegan a varias troncales que luego forman gradas naturales que no tienen una estructura uniforme en su recorrido en las partes altas. No se ha canalizado las torrenteras desde arriba donde nacen y menos en su largo trayecto hasta las zonas urbanas.

Cuando hay intensas lluvias en Arequipa, arrastran masas de lodo, piedra, agua y arbustos encontrando a su paso por la fuerza que tienen en las quebradas y torrenteras que se han estrechado encontrando a su paso “embudos” por la construcción de viviendas formales e informales en los laterales de esas zonas, lo que generan desbordes en los cuellos de botella como ha sucedido en algunos tramos de las torrenteras de Cayma, Yanahuara y Cerro Colorado.

Usted me pregunta Sr. Hugo Amanqui del portal Arequipa Misti Press, ¿Qué debemos hacer a futuro?

Sugiero que debería implementarse represas naturales con decenas de metros de profundidad alrededor de las faldas debajo de los volcanes donde se pueda acolmatar el lodo y las piedras donde el agua pueda rebosar y las piedras, rocas y agregados se queden en dichas zonas para evitar que bajen a las torrenteras y quebradas de la ciudad. Si se construye esas represas naturales debería ser declaradas áreas intangibles con una bocatoma controlable la que podría estar supervisada por la Autoridad Nacional del Agua.

Toda torrentera debería tener una profundidad de por los menos seis metros con desarenadores y algunos puentes en su trayecto para evitar la acolmatacion, lo que requiere estudios técnicos previos que deberían ser financiados con el apoyo del gobierno nacional, regional y municipal”.

Ing. Victor Aguilar Puruhuaya, experto en gestión de riesgo de desastres.

“No existen desastres naturales, lo que existe son fenómenos naturales, quiénes lo ocasionan son las personas que invaden lugares de alto riesgo, cono son las torrenteras, las laderas en la ciudad y las autoridades que no conocen nada sobre los fenómenos naturales, y cómo se presentan en un momento determinado.

Lo que ha pasado en Arequipa en las últimas décadas, y en las torrenteras del Chullo y Venezuela, es el producto que han estrechado su cauce natural, no han respetado su faja marginal, lo que es aprovechado por los traficantes de lotes, avanceros y algunas autoridades corruptas y eso se da todos los años, pero lo abordamos cuando las lluvias son intensas y causan daños.

Otro asunto es que en cargos de las Jefatura de Oficinas de Gestión de Riesgos de Desastres de los gobiernos regionales y municipales no tienen personal con el perfil técnico requerido en dicha especialidad, las autoridades los nombran o designan para pagar algún favor, pero no conocen sobre los riesgos y vulnerabilidades y peligros naturales.

En la Ley 29664 de gestión del riesgo de desastres, debería incluirse un artículo para que las personas que ocupan las jefaturas de las oficinas de gestión de riesgo de desastres deberían tener un diplomado o segunda especialidad o maestría en gestión de riesgo de desastres. Así, trabajaríamos mejor en la prevención y no cuando ya ocurren los desastres. Por culpa de malas autoridades y malas personas, decenas de familias han sido damnificadas en sus viviendas y en fallecimientos, lo que no puede volver a su suceder en Arequipa. Las autoridades tienen la obligación de presentar un plan de recuperación en consenso en los próximos días”.

Ing. Ronald Fernandez Bravo, Ex Jefe de la Autoridad Nacional del Agua

“Las intensas lluvias que ha soportado Arequipa en la última semana han causado daños por múltiples razones afectando a familias y propiedad pública y privada, sin embargo, me voy a ocupar concretamente de la situación de las quebradas y qué debería hacerse en las próximas semanas para disminuir estos peligros en nuestra provincia.

La quebrada de Chullo, tiene tres aportantes. La quebrada de Patoraiz, La quebrada de Zafranal y la de Quesquemania. Estas quebradas tienen anchos de más de 60 metros. La cuenca aportante es grande y nace en las faldas del Chachani, luego se junta en la quebrada de Chullo la cual ha sido angostada hasta 3 metros en el sector de la Urbanización Independencia.

Es evidente que con precipitaciones intensas la cantidad de agua y sedimentos que fluyen de la parte alta de la cuenca tengan caudales que desborden los canales de menor área hidráulica y de menor pendiente, a los cuales se ha reducido la torrentera.

La responsabilidad principal es de los gobiernos locales que han permitido la construcción de viviendas y edificios en terrenos ganados a los cauces de las torrenteras. Teniendo en consideración que los cauces de las quebradas más las fajas marginales, son bienes públicos hidráulicos, inalienables, imprescriptibles e intangibles eso no debió permitirse.

La solución en las condiciones actuales es el manejo integral de las quebradas realizando las siguientes acciones principales que resumo a continuación:

  • Forestación de las cabeceras de cuenca de las quebradas, a fin de disminuir el traslado de sedimentos.
  • Tratamiento de las laderas de las quebradas con andenería y forestación.
  • Construcción de Sabos, para disipar la energía y atrapar bolonerías y sedimentos.
  • En las zonas de mayor riesgo de desborde, construir obras de protección con defensa ribereña, ya sea con gaviones, muró seco o muros de concreto armado, según sea el caso.
  • Reasentamiento de poblaciones en sectores en los cuales no se pueda mitigar el riesgo.
  • Sistemas de alerta temprana (SAT), (pluviómetros, medidores de caudal, sistemas de alerta y comunicación a las poblaciones).
  • Capacitación a la población en manejo integral de quebradas.
  • Capacitación a las municipalidades en operación y mantenimiento del sistema integrado de gestión de quebradas o torrenteras.
  • Sistema de drenaje sostenible mediante soluciones basadas en la naturaleza para ciudad”.

Arquitecto, Juan Melgar Begazo, ex Decano del Colegio de Arquitectos de Arequipa.

“Las recientes entradas violentas de las torrenteras en Arequipa han sorprendido a muchas familias, especialmente en sectores que nunca antes habían sufrido inundaciones de esta magnitud. Las imágenes de viviendas anegadas, vías colapsadas y maquinaria trabajando contrarreloj se repiten cada año con mayor intensidad. Sin embargo, es necesario decirlo con claridad: el problema no es únicamente la lluvia. El problema es cómo hemos venido construyendo la ciudad.

Arequipa es una ciudad atravesada por quebradas naturales que históricamente han conducido el agua desde las partes altas hacia el valle. Estas torrenteras no son simples zanjas ni accidentes del terreno; forman parte de un sistema geográfico que permite evacuar las lluvias intensas propias de nuestra región. Durante siglos, el agua siguió su curso sin generar mayores daños porque existía un equilibrio entre el territorio y la ocupación humana.

Ese equilibrio se ha ido perdiendo. En las últimas décadas, la expansión urbana ha avanzado sobre zonas que funcionaban como áreas naturales de absorción y aporte hídrico. Donde antes había suelo permeable, hoy hay concreto. Donde antes el agua infiltraba lentamente, ahora corre con velocidad por superficies impermeables. El resultado es sencillo de entender: más agua llega en menos tiempo a las torrenteras.

Desde el punto de vista técnico, se ha incrementado el caudal máximo que deben soportar estos cauces. Pero las torrenteras mantienen prácticamente las mismas dimensiones de hace décadas. Es como intentar hacer pasar el doble de agua por un canal que no ha sido ampliado. En algún punto, inevitablemente, se desborda.

Este año, además, las lluvias han sido particularmente severas. Los estudios internacionales sobre cambio climático advierten que los eventos extremos serán cada vez más frecuentes. Sin embargo, no podemos atribuir todo a la naturaleza. La lluvia es el detonante; la vulnerabilidad la hemos construido nosotros.

Cada habilitación urbana autorizada en zonas altas incrementa la escorrentía superficial. Cada proyecto aprobado en áreas de riesgo reduce la capacidad de amortiguación del territorio. Cada metro cuadrado de suelo natural reemplazado por asfalto acelera el flujo del agua. Las consecuencias no se sienten de inmediato, pero se acumulan. Y cuando llega una temporada intensa de lluvias, el sistema colapsa.

Lo más preocupante es que seguimos repitiendo el mismo ciclo. Ocurre el desborde, se declara la emergencia, se moviliza maquinaria, se limpia el lodo y se brinda ayuda parcial a los damnificados. Luego termina la temporada y el tema desaparece de la agenda pública. Hasta el próximo año.

Esta lógica reactiva no resuelve el problema de fondo. Actuar cuando el daño ya está hecho solo mitiga parcialmente las consecuencias. La verdadera solución exige planificación sostenida, basada en estudios técnicos y en el respeto a la geografía. Arequipa necesita asumir que su crecimiento tiene límites físicos. No se puede seguir autorizando expansión urbana en zonas identificadas como áreas de aporte a las torrenteras.

No se puede ignorar las cotas de seguridad establecidas por los organismos técnicos. No se puede privilegiar decisiones coyunturales por encima de criterios hidráulicos y territoriales. La gestión moderna del riesgo es clara: los desastres no son exclusivamente naturales; ocurren cuando un fenómeno natural se combina con vulnerabilidad creada por decisiones humanas. En nuestro caso, la vulnerabilidad ha sido producto de una expansión urbana permisiva y de la falta de una política sostenida de manejo integral de cuencas.

No basta con intervenir el cauce visible de la torrentera. Es necesario trabajar toda la microcuenca, recuperar zonas de absorción, implementar sistemas de drenaje urbano sostenible y fortalecer el control del crecimiento informal y formal en áreas de riesgo. Se trata de entender que el territorio funciona como un sistema y que cada intervención tiene efectos acumulativos.

El agua siempre buscará su camino. Si se le quita espacio, lo recuperará con fuerza. La naturaleza no negocia con licencias ni con intereses económicos. Cuando la ciudad se construye ignorando su geografía, la geografía termina imponiéndose. Lo ocurrido en estos días debe servir como punto de inflexión. No podemos seguir gestionando la ciudad desde la improvisación. Planificar no es un lujo académico; es una necesidad vital.

Significa anticiparse, respetar la ciencia y asumir que el desarrollo urbano debe estar subordinado a las condiciones naturales del territorio. Arequipa no enfrenta únicamente un problema de lluvias intensas. Enfrenta un desafío de gobernanza urbana. Si no se toman decisiones firmes ahora, cada temporada traerá mayores pérdidas materiales y sociales. Pero si apostamos por una planificación rigurosa y sostenida, aún estamos a tiempo de reducir el riesgo y proteger a nuestra población.

La emergencia no debe ser el momento de actuar. Debe ser el momento de recordar que debimos haber planificado antes, rigurosa y sostenida, aún estamos a tiempo de reducir el riesgo y proteger a nuestra población. La emergencia no debe ser el momento de actuar. Debe ser el momento de recordar que debimos haber planificado antes”.

Lic. Carlos Trujillo, Historiador, Magister en Geografía Ambiental y Doctor en Geografía.  

“La ciudad de Arequipa presenta una configuración topográfica singular, con un paisaje caracterizado por la presencia de montañas volcánicas como Pichu Pichu, Misti, y el complejo Chachani, además de la depresión tectónica donde se asienta la ciudad de Arequipa, conocida como cuenca de tipo pull apart.

Esta depresión está delimitada hacia el sureste y suroeste por la cordillera intrusiva del batolito de la Caldera, estas unidades geoformologicas son importantes para la dinámica atmosférica local.

Las lluvias están asociadas a la estación del verano austral en la que intervienen diversos factores atmosféricos con el monzón sudamericano que provee humedad de la amazonia, la Alta de Bolivia que es uno de los principales mecanismos que favorece la formación de nubes cúmulo nimbos generando lluvias frecuentes en la zona sur del Perú.

Este año tenemos la presencia del Niño Costero que intensifica las lluvias aumentando la frecuencia de eventos extremos, siendo la causa fundamental el cambio climático global que está alterando los patrones de precipitación en los Andes.

Esto incrementa la vulnerabilidad de ciudades como Arequipa, donde la expansión urbana ha reducido la cobertura vegetal nativa y la ocupación del espacio en zonas de peligro como las quebradas y torrenteras de nuestra ciudad.

Desde la geografía como ciencia integradora de la sociedad y la naturaleza se proponemos medidas integrales para nuestra ciudad de Arequipa, como las siguientes:

Conocer el territorio donde se habita, aplicar el ordenamiento territorial de manera vinculante, un manejo integral de las cuencas como del Chili pensando en las personas, infraestructura adecuada como drenajes urbanos y zonas de evacuación, educación ambiental masiva a la población para conocer la adaptación y la mitigación frente al cambio climático y una eficiente gobernanza en gestión de riesgos de desastres antrópicos. Eso es lo que deberíamos priorizar”.

Foto MPA

 

Hugo Amanque Chaiña


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