Riqueza del 1% de los más ricos del mundo creció en 33,9 billones de dólares afirma OXFAM Internacional

Oxfam Internacional denunció la hegemonía del capital privado en el desarrollo global, mientras 3.700 millones de personas continúan sumidas en la pobreza una década después de que se acordaran los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Un nuevo análisis de Oxfam Internacional evidenció que, a nivel global, entre 1995 y 2023, la riqueza privada se incrementó en 342 billones de dólares, ocho veces más que la riqueza pública. La organización también denuncia los mayores recortes a la cooperación internacional desde que hay registros. Podrían causar 2,9 millones de muertes adicionales por el VIH/sida en los próximos 5 años.
Los resultados de una nueva encuesta internacional apuntan a que 9 de cada 10 personas apoyan la financiación de servicios públicos y de medidas contra el cambio climático mediante impuestos a las personas más ricas.
Oxfam Internacional urge a que los países comprometidos den un paso adelante para anteponer lo público frente a los intereses privados impulsando coaliciones estratégicas que acaben con las desigualdades, revitalicen la cooperación internacional y avancen en una mayor tributación sobre los ultrarricos.
Un nuevo análisis de Oxfam Internacional apunta a que la riqueza del 1% más rico se ha incrementado en más de 33,9 billones de dólares en términos reales desde 2015. Con esta cantidad se podría poner fin a la pobreza anual 22 veces, si consideramos el umbral de pobreza más alto establecido por el Banco Mundial de 8,3 dólares al día. La riqueza conjunta de los 3.000 milmillonarios del planeta se ha disparado en 6,5 billones de dólares en términos reales desde 2015, y equivale ya al 14,6% del PIB mundial.
El informe “Del beneficio privado al poder de lo público: Financiar el desarrollo, no la oligarquía” se publicó con motivo de la 4ª Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo que se desarrolló en Sevilla – España donde estuvieron representados más de 190 países.
Los países más ricos están aplicando los mayores recortes de la historia a la ayuda oficial al desarrollo, desde que se iniciaron los registros en 1960. El análisis de Oxfam Intermón concluye que en 2026 los países del G7, que representan aproximadamente tres cuartas partes de toda la ayuda oficial al desarrollo, recortarán en un 28% su aportación en comparación con 2024.
Además, la crisis de la deuda está llevando a la bancarrota a numerosos gobiernos del Sur Global. El 60% de los países de renta baja está al borde de una crisis de deuda, obligando a los países más pobres a destinar muchos más recursos a pagar los intereses a acreedores ricos que a invertir en educación o sanidad pública. Si no cambia nada, apenas el 16% de las metas establecidas en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se cumplirán para 2030.
Este nuevo análisis de Oxfam Internacional pone el foco en el fracaso de un modelo de financiación del desarrollo que ha girado en torno a un “consenso” sobre papel de la inversión privada, esencialmente del Norte Global. Pero la última década ha mostrado que es un modelo ineficaz, que ha generado múltiples impactos negativos y apenas ha logrado movilizar recursos adicionales. Asimismo, el informe destaca el pernicioso papel de los acreedores privados, que representan ya cinco veces más que el peso de los acreedores bilaterales y concentran más de la mitad de la deuda de los países de renta media y baja, exacerbando la crisis derivada con sus condiciones punitivas y sus negativas a negociar.
Oxfam Internacional demuestra que entre 1995 y 2023 la riqueza privada se incrementó en 342 billones de dólares, ocho veces más que la riqueza pública, que tan sólo aumentó en 44 billones. En términos relativos, el peso de la riqueza pública global disminuyó con respecto a la riqueza total durante ese periodo.
La organización urge a los gobiernos a una mayor voluntad política que impulse un cambio de rumbo contra la desigualdad extrema y permita transformar el sistema de financiación para el desarrollo:
Frente al unilateralismo, nuevas alianzas estratégicas de países comprometidos en acabar con la desigualdad extrema. Los gobiernos deben unirse y formar nuevas coaliciones para avanzar incluso sin consensos generalizados. Países como Brasil, Sudáfrica y España ya están asumiendo un liderazgo a nivel internacional, y la nueva alianza global contra la desigualdad promovida por Alemania, Noruega, Sierra Leona y otros países es un buen ejemplo al que otras naciones se pueden sumar.
Anteponer lo público y rechazar el “Consenso de Wall Street”. Los gobiernos deben rechazar la idea de la financiación privada como «panacea» para financiar el desarrollo. Deben en cambio apostar por un modelo de desarrollo desde lo público para garantizar servicios universales y de calidad en salud, educación y cuidados, y en bienes públicos en sectores como la energía y el transporte.
Reinventar la financiación al desarrollo: impuestos a los ultrarricos, revitalización de la ayuda, reforma de la arquitectura de la deuda y diseño de indicadores que vayan más allá del PIB. Los donantes del norte global deben revertir de manera urgente los catastróficos recortes a la ayuda y cumplir con el objetivo de destinar un mínimo del 0,7% de su renta nacional. Los gobiernos deben apoyar una nueva convención de las Naciones Unidas sobre deuda, así como respaldar la convención fiscal de las Naciones Unidas, y seguir el ejemplo de Brasil y su propuesta en el marco del G20 de aplicar nuevos impuestos a las personas con una elevada riqueza neta.
Foto Banca y Negocios




