¿Tenemos una derecha política ilustrada o retrograda en el Perú?

No tengo duda que en el arco iris democrático del país, deben existir las corrientes ideológicas de la derecha, izquierda y del centro político, que deben tener representación en el Congreso de la República, donde está representada a la sociedad peruana en el epicentro del poder político que es el parlamento nacional.
Aunque la Carta Magna no lo reconoce, el Congreso es el primer poder estatal en los hechos, ya que tiene más atribuciones y competencias que el Poder Ejecutivo y Poder Judicial por mandato de la Constitución vigente que ha tenido múltiples reformas constitucionales que no han sido consultadas al soberano en referéndum por el pacto mafioso representado en el Poder Legislativo.
Históricamente, desde que nacimos como Estado independiente y soberano en 1821, el país no tuvo partidos políticos que condujeran al país responsablemente. La mejor prueba de ello, es que los Generales San Martin de Argentina y luego Simón Bolívar de Venezuela, condujeron nuestro Estado al empezar la nueva república luego de liberarnos del yugo español.
Otra prueba es que el Arzobispo Luna Pizarro de Arequipa por sus notables condiciones intelectuales, fue dos veces presidente del Congreso Constituyente cuando nace la república lo que confirma el peso e influencia de la Iglesia Católica en el país.
Es decir, no tuvimos institucionalidad político partidaria en el país lo que hasta hoy arrastramos en el siglo XXI y por el contrario, tuvimos una República Aristocrática y Oligárquica. El primer partido político del Perú recién fue reconocido en 1872 con la denominación del Partido Civil, luego aparecieron el Partido Constitucional en 1884, el Partido Demócrata en 1885, el partido Unión Nacional en 1891 y el Partido Liberal en 1901, según el libro “La Política en el Perú del Siglo XX” de Henry Pease y Gonzalo Romero.
Es decir, que cuando nace la Patria Nueva en 1821 en el país, no había partidos políticos y cincuenta y uno años después, recién aparece el primer partido civilista, lo que confirma que fuimos una nave sin rumbo en alta mar y obviamente sin objetivos nacionales, ya que carecimos de una elite política que condujera a buen puerto el nuevo Estado.
Debemos reconocer, es que en la primera centuria de 1821 hasta 1921, el país estuvo manejado por el centralismo limeño, donde tuvieron el control del Estado, los militares, los representantes de la Iglesia Católica y los representantes del poder económico nacional y de las transnacionales.
Los lideres de estas organizaciones estaban centralizados en Lima y tenían como representantes en algunos departamentos del interior a algunos hacendados e importadores que cautelaban sus intereses económicos y políticos por encima del interés común.
Entre ellos, estaban “los barones del azúcar”, la burguesía agraria costera, la facción financiera capitalina, los gamonales de la sierra y la facción industrial asentada en capital incipiente del país.
Todos ellos, representaron políticamente al pensamiento conservador y de la derecha y extrema derecha peruana, lo que ha continuado en el segundo bicentenario hasta el año 2021, quienes manejaron el Estado en forma centralista, salvo casos aislados de algunos gobernantes de pensamiento progresista que efectuaron algunas reformas descentralistas.
Otra prueba que confirma que no tuvimos un proyecto nacional, es que hemos tenido hasta hoy 12 Constituciones Políticas hasta el 2026, lo que supone que cada quince años en promedio cambiamos de Carta Magna ante la permanente convulsión social, política y económica del país lo que hasta hoy se mantiene en una mega crisis que se ha agravado ya que desde el 2016 al 2026 hemos tenido ocho presidentes para vergüenza ante la comunidad internacional.
Sin embargo, no se puede negar que históricamente, en la derecha peruana, hubo algunos representantes lucidos del pensamiento conservador que proponían algunas reformas y obviar ello sería mezquino y antidemocrático.
Entre ellos, destacaron, Bartolomé Herrera, José de la Riva Agüero, José Pardo, Luis Bedoya Reyes, Mario Vargas Llosa, pero también a los periodistas y políticos como Luis Miro Quesada y Pedro Beltrán, cuyos diarios conservadores “El Comercio” y “La Prensa” marcaron la pauta nacional en el siglo XX. No podemos obviar tampoco a los políticos de centro derecha como José Luis Bustamante y Rivero, Haya de la Torre, Fernando Belaunde, Alan Garcia, Valentín Paniagua, etc.
Hoy en el siglo XXI, carecemos de una derecha ilustrada, moderna, democrática, descentralizada y con identidad nacional que inspire confianza y credibilidad que es el mayor capital que deben demostrar ante el soberano quienes ejercen actividad política, ya que su ejercicio siempre implica el bien común. La mayoría de ellos tienen una mente colonizada y no han evolucionado.
Ni López Aliaga, Keiko Fujimori, César Acuña, José Luna, José Williams, Carlos Espa, ni Roberto Chiabra, representan a las mayorías nacionales, no solo porque carecen de méritos políticos y morales para conducir el Estado, sino porque sus bancadas parlamentarias blindaron a la inepta Dina Boluarte desde el Congreso pese a los cuarenta nueve muertos en las protestas sociales del 2022 y 2023 y hasta hoy 2026 nadie es responsable de dicha masacre.
Las bancadas de Fuerza Popular, Renovación Popular, Alianza para el Progreso y Podemos, más Acción Popular y otros partidos de la “seudo izquierda” como Perú Libre, declararon el 2022, la vacancia de Pedro Castillo, violando la Constitución y el Reglamento Interno del Congreso y aprobaron mediante un contragolpe la salida del presidente cajamarquino.
Los partidos de derecha en forma cínica e irresponsable, hoy critican al Estado a quien lo califican de ineficiente y corrupto, pero son ellos y quienes financian sus campañas electorales quienes “maman” del Estado que anualmente aprueba contratos millonarios a empresas privadas que en algunos casos se corrompen como lo demostró el Club de la Construcción y el Caso Lava Jato.
La mejor prueba del cinismo es la del Porky Aliaga, quien critica al Estado y quiere achicarlo a su mínima expresión, cuando dicho sujeto se ha beneficiado de un contrato monopólico con el Estado representado por Fujimori para la concesión del ferrocarril y de un Hotel en el Cusco que le ha generado ingresos millonarios en los últimos treinta años.
Critica al Estado pero vivé de él lo que es repudiable para no hablar del “tren fantasma” que le donaron de EEUU para Lima que no funciona, las deudas que deja al Municipio de Lima por más de cuatro mil millones de dólares y lo peor. “Su palabra vale oro”, cuando años atrás dijo que, al ganar la alcaldía de Lima, no postularía a la presidencia de la república, evidenciándose su doble moral que tanto critica a otros políticos de izquierda y derecha, así como su intolerancia a la crítica que lo convierte en extremista de la derecha más rancia y conservadora.
El caso del fujimorismo es peor. Keiko que perdió tres elecciones presidenciales. Afirmó que ella iba a gobernar el país desde el Congreso con sus congresistas. Lo ha hecho con sus “monaguillos” parlamentarios, censurando, interpelando y vacando o blindando a los ocupantes de Palacio de Gobierno y lo ha cumplido al pie de la letra y es responsable directa de la ingobernabilidad y mega crisis que hoy tiene el país, pero hoy presenta en su cuarta candidatura como la abanderada de la renovación y la decencia cuando sus actos demuestran todo lo contrario.
En las últimas horas, el fujimorismo ha ratificado que no le interesa el combate a la corrupción, al impedir que, en sesión pública del Congreso, se informe a la nación los resultados de la corrupción de empresas chinas donde el Estado pagó más de 10 millones de soles en contratos con indicios de ilícitos al afirmar que debía respetarse el Reglamento del parlamento. Esa postura demuestra la doble moral del fujimorismo que no quiere combatir la corrupción y avala la impunidad que es otra lacra que debemos extirpar en la sociedad y Estado.
En esta campaña electoral ha reciclado a los dinosaurios del fujimorismo y ha presentado rostros nuevos, que poco o nada saben de gestión pública y quieren conducir el Estado desde palacio de gobierno y palacio legislativo cuando no conocen lo mínimo de la estructura estatal. Lo más inmoral de Keiko es que en campañas electorales recibió dinero de poderosas empresas privadas para financiar su campaña a la presidencia que no lo ha negado ¿Con qué autoridad moral podría combatir a los corruptos quien recibe dinero de privados quien desea asumir la Jefatura de Estado?
La derecha peruana es mercantilista, rentista, patrimonialista, con ligeras excepciones y no le interesa industrializar el país. Las derechas políticas y el pensamiento conservador, históricamente en el mundo y en el país, no han promovido cambios ni reformas y siempre apuestan por el “statu quo”. Para ellos el Perú, es un “paraíso” y no hay nada que cambiar y a quienes promueven reformas los “terruquean” y estigmatizan. No salen a las calles y solo critican desde sus casas y las redes sociales, mientras que los progresistas se juegan su pellejo y la vida en defensa de la democracia en las plazas públicas.
Los mejores avances sociales siempre lo han promovido el pensamiento progresista y renovador en el mundo y en el país. Remarco nuevamente que en mi patria debe existir todas las corrientes ideológicas, porque la democracia implica tolerancia y apertura. Necesitamos una derecha ilustrada, moderna, tolerante, integradora y descentralizada, que promueva la justicia social al que aspiran los pueblos del interior del país, que siempre fueron ignorados históricamente en el bicentenario de nuestra república que hoy exige presencia del Estado manejado centralistamente. La derecha peruana debe salir de las cavernas y no mantener un pensamiento colonial del siglo XVI como hoy se percibe en las elecciones 2026.
De la izquierda y extrema izquierda, nos ocuparemos en otro articulo de opinión, quienes también con ligeras excepciones, han fracasado en la conducción de los gobiernos regionales y municipales y por ello un sector de la sociedad ha perdido la confianza a la derecha e izquierda en el Perú. Ambos extremos ideológicos debieron hacer alianzas o frentes electorales para las elecciones 2026, pero pervive en sus cupulas caudillos que se creen “Mesías o salvadores de la patria”, anteponiendo sus intereses personales antes que el interés nacional.
Hugo Amanque Chaiña – Periodista y Abogado




