100 años mirando a Bolivia

Hugo Amanque Chaiñaoctubre 29, 20266min66
Hugo Amanque Chaiñaoctubre 29, 20266min66

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100 años mirando a Bolivia

1.-Los-Beneficios-Economicos-de-la-Mineria-en-Bolivia

El año 1926, en Buenos Aires, se publicó el libro: “Con el Ojo Izquierdo Mirando a Bolivia”, de Manuel Seoane, lo dedicó “al espíritu revolucionario de las muchachadas latinoamericanas”, el prólogo, es una conmovedora carta de Alfredo Palacios (enero 1926), dice: “He leído con verdadero interés su libro: “Mirando a Bolivia”, trabajo vigoroso, digno de su espíritu sano y fuerte.

Hay en él una vehemencia razonada que me cautiva, no obstante, las exageraciones que son propias de su juventud. Le sigo desde hace tiempo, aplaudiéndole sin reservas, por su labor generosa en favor de la libertad de los pueblos iberoamericanos. Desde el día en que Ud. llegó, estudiante pobre y desterrado, a mi despacho de Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas, le he visto, dinámico, entusiasta, defender todas las causas nobles”. (p. 7).

Alfredo Palacios (1878-1965), destacado abogado, profesor y político argentino, el primer diputado socialista de América (1904), promovió leyes de protección de los trabajadores, mujeres y niños, como: descanso dominical (1905), ley de la silla (permitir a los empleados sentarse); en su estudio jurídico, una placa tenía la inscripción: “Abogado. Atiende gratis a los pobres”; fue rector de la Universidad Nacional de La Plata, y decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, impulsó la Reforma Universitaria (1918). Los líderes de la Federación de Estudiantes del Perú, Haya de la Torre y otros, lo declararon “Maestro de la Juventud”.

El libro es un relato desgarrador de la situación social, económica y política de Bolivia (1925); su primer capítulo “Por qué fui a Bolivia” (p.13), responde: “El deber se cumple, aun arriesgando la vida.

Había obligación de ir a alentar a esa muchachada de Bolivia, que en pleno centenario (Independencia) era diezmada a sablazos; había que testimoniar, fijando su sentido, la solidaridad latinoamericana. Por eso fui”. (p. 15), la personalidad de Seoane, se refleja, en sus palabras: “Aprecio más el dinamismo que la erudición.

Creo que las grandes obras demandan impulsos calientes y exaltados y no la fría disección analizadora de los gabinetes. El academicismo es un lento suicidio del carácter”. (p. 17); respecto a las revistas intelectuales argentinos, reconoce “el esfuerzo, por mil motivos encomiable, que realizan los directores de las principales publicaciones universitarias … Diré, pues, para concluir, que la agitación ideológica es reducida en extensión, aunque valiosa en calidad, pero que únicamente se vierte en el folleto, en el periódico o en la lírica declaración convencional.

Al movimiento le falta hondura. Es un árbol elegante y frondoso, de bellas promesas de fruto, pero que carece de raíz. De no adentrarse en la tierra, vale decir, penetrar en la masa, cualquier vendaval demagógico, de izquierda o derecha, puede derribarlo fácilmente”. (p. 17 y 18). Esto le ha pasado al Partido Aprista Peruano, por alejarse de las masas populares, los vendavales de derecha neoliberal y de izquierda estatista, han extirpado el aprismo de la conciencia del pueblo.

En el capítulo IV “Páginas de Infierno”, narra las inhumanas condiciones en que trabajan los indígenas, con jornadas de 12 horas, hasta de 23 horas, viven en cobertizos de hojas de molle “por cuyos intersticios se filtran la lluvia y el frío” (p. 31), con salarios inferior al mínimo de ley, encima tienen que pagar su comida, además, les hacen descuentos, los capataces, con operaciones misteriosas.

Uno de los aportes a destacar, entre varios, es el capítulo XII “El Indio, Capital Humano de Bolivia”, escribe: “Cerca del ochenta por ciento de la población de Bolivia es indígena. Y esta enorme mayoría de la población está sujeta a la más ruda de las explotaciones económicas y está abandonada política y culturalmente” (p. 101), luego, agrega “En mi modesto concepto, por razones de justicia, que son primarias, y por razones de economía científica, que son atendibles, hay urgencia en resolver la situación del indio, incorporándolo a la vida activa y liberándolo de la esclavitud integral a que está condenado” (p. 102); en el capítulo XII “La Redención del Indio”, leemos: “No hay más realidad que salvar al indio, dentro de sus modalidades congénitas. Constituye el capital humano, constituye el país, constituye el porvenir” (p. 110), añade: “El indio necesita -ya queda dicho- de un urgente plan educacional redentor” (p. 115); en el capítulo XVII “Palabras Finales”, señala: “el parecido de los problemas de Perú y de Bolivia se acerca a la identidad” (p. 146).

Seoane y Haya de la Torre, precursores del indigenismo militante y orgánico, quedaron impactados de la esclavitud indígena, de donde provenimos, decidiéndose a luchar por su reivindicación moral y material e histórica y cultural. El avance es significativo; nuestra tarea es completarla estructural e integralmente.

Edgar Lajo Paredes – Abogado

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Hugo Amanque Chaiña


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