Las próximas elecciones en Perú: ¿Tercera vuelta o regreso a las agendas locales?

Hugo Amanque Chaiñaseptiembre 2, 202610min20
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Las próximas elecciones en Perú: ¿Tercera vuelta o regreso a las agendas locales?

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Las elecciones regionales y municipales del próximo 4 de octubre se perfilan como uno de los procesos electorales más singulares en lo que va del siglo XXI en el Perú. Por primera vez en veinte años, los comicios subnacionales-donde se elegirán a 25 gobernadores regionales y más de 2000 alcaldes a nivel provincial y distrital-se celebrarán en el mismo año que las elecciones generales. Más aún, tendrán lugar apenas cuatro meses después de una segunda vuelta presidencial intensa y polarizante que terminó con el triunfo ajustadísimo de la candidata de derecha, Keiko Fujimori.

Nunca antes ha sido tan reducido el período que separa a los dos principales procesos electorales peruanos. ¿Qué podemos esperar de este inusual contexto? El escenario más consistente con la experiencia de las últimas décadas sería que las competencias regionales y locales sigan mostrando una dinámica propia, dominada por problemas territoriales, liderazgos locales y una fuerte presencia de movimientos regionales y alianzas con raíces específicas en cada departamento o municipio.

En efecto, en todas las más recientes elecciones regionales (incluyendo las de 2018 y 2022), los movimientos regionales ganaron más gobernaciones que los partidos nacionales. Incluso en 2006, el único año anterior donde hubo elecciones casi tan cercanas como en 2026, los electores optaron mayoritariamente por movimientos regionales (18 de 25) cinco meses después de una segunda vuelta ajustada entre izquierda (Ollanta Humala) y centro-derecha (Alan García). Después de la intensa campaña presidencial de este año, no parecería extraño que muchos electores optaran nuevamente por dejar atrás las disputas nacionales y concentrarse en los problemas concretos de su entorno inmediato.

La habitual desconexión entre política nacional y subnacional en el siglo XXI ha sido bien identificada y analizada por la academia en el Perú. Antes del inicio de la descentralización, autores como Martín Tanaka ya habían señalado una desarticulación y falta de arraigo local del sistema de partidos nacionales desde los años ochenta y, tras el inicio de la descentralización política en 2002, otros autores como Paula Muñoz o Carlos Meléndez han descrito la marcada desarticulación entre los partidos nacionales, la representación territorial y las trayectorias de los políticos subnacionales, así como elecciones regionales que han desarrollado una lógica propia, relativamente autónoma con respecto a la competencia nacional.

Sin embargo, a quien desconozca los antecedentes electorales peruanos podría parecerle lógico que las próximas elecciones de octubre de 2026 sí tengan un componente significativo de «tercera vuelta» de la reciente elección presidencial. Tal «contaminación» de las elecciones locales por la política nacional, y la consiguiente «nacionalización» de estas competencias, es normal en muchos otros países. En el caso peruano, tres aspectos distintivos de la reciente elección presidencial sugieren que esta vez puede darse un inusual escenario alternativo con mucho mayor influencia de la política nacional.

Primero, la competencia nacional probablemente seguirá siendo materia de discusión local cuatro meses después debido a la particular estrechez de la diferencia de votos de segunda vuelta y al gran contraste entre los candidatos enfrentados. En un enfrentamiento entre opciones presidenciales con propuestas de derecha e izquierda muy distintas, que polarizaron al país, Fujimori ganó por menos de 50 mil votos. Además, su triunfo demoró semanas en ser confirmado y la población supo que finalmente ella solo pudo prevalecer gracias al voto de los peruanos residentes en el extranjero. En 2006-el único antecedente similar a 2026-la diferencia ideológica entre las propuestas de segunda vuelta era menos marcada, la diferencia de votos fue mayor a 400 mil y la victoria fue rápidamente confirmada.

Eso sí, como en 2006, nuevamente en 2026 hay una fuerte división territorial del voto, donde el candidato de izquierda, Roberto Sánchez, ganó la mayoría de departamentos (especialmente en el Sur andino) pero no la capital. En octubre, muchas localidades y regiones tendrán el recuerdo fresco de haber votado mayoritariamente por una opción de cambio que fue rechazada, en gran medida, por los votos de Lima y del extranjero.

Un segundo factor que distingue a esta dupla de elecciones nacionales y subnacionales de 2026, es que esta vez ha ganado la candidata del fujimorismo, después de tres intentos fallidos. Y que justamente el antifujimorismo que la venció anteriormente ha sido uno de los pocos mecanismos o ejes que ha logrado coordinar votos diversos eficazmente en todo el Perú en el siglo 21. Fue decisivo en las elecciones presidenciales de 2011, 2016 y 2021 y, aunque se habría debilitado un poco recientemente, basta recordar que poco antes de la primera vuelta electoral de abril, según la encuestadora Ipsos, el 59% de la población afirmaba que definitivamente no votaría por la actual presidenta.

Finalmente, en octubre también seguirán muy frescas en la memoria colectiva, y probablemente aún irresueltas, las controversias que marcaron negativamente el proceso de abril y junio, donde se cuestionó no sólo a candidatos y partidos, sino también a la integridad de las instituciones electorales frente a influencias del bando opositor, y se alegó supuestas instancias de fraude o, al menos, irregularidades.

La escasa distancia entre ambos procesos deja poco tiempo para que se disipen los graves cuestionamientos; más aún, los titulares del Jurado Nacional de Elecciones y los otros dos organismos del sistema electoral emitieron conjuntamente en julio una alerta sobre la insuficiencia de recursos presupuestales para los comicios de octubre y advirtieron sobre «riesgos operativos» para el proceso.

En este escenario alternativo de tercera vuelta, los candidatos a gobiernos regionales y municipalidades serían evaluados, al menos parcialmente, según su cercanía con las dos fuerzas que disputaron la Presidencia (especialmente desde el eje fujimorismo-antifujimorismo), y las campañas subnacionales podrían reproducir las principales divisiones de la política nacional. Por la cercanía en el tiempo, los principales partidos nacionales llegarían a las elecciones subnacionales, además, con sus liderazgos, organizaciones, recursos, alianzas, enfrentamientos y discursos de campaña aún activos.

Este ejercicio de pensar en dos escenarios distintivos, es decir, una inusual tercera vuelta versus el habitual regreso a las agendas territoriales, no asume desenlaces mutuamente excluyentes: no todo el país va a responder a una sola lógica electoral. Pero las características particulares de las elecciones presidenciales de 2026, y la cercanía en el tiempo entre procesos, hacen plausible que en algunos territorios las elecciones sí reproduzcan la polarización electoral nacional, mientras que en otros sigan predominando agendas locales. Lo más relevante es considerar estos escenarios para estar atentos y entender en qué territorios, para cuáles cargos y bajo cuáles condiciones podría imponerse cada uno de ellos.

Para terminar, cabe considerar que quizás los partidos nacionales mismos constituyan el obstáculo principal para que se concrete un escenario inusual, para Perú, de elecciones subnacionales como tercera vuelta. Aunque los partidos de Fujimori y Sánchez solicitaron la inscripción de numerosas candidaturas regionales y municipales, también han evidenciado omisiones y tardanzas al hacerlo. De hecho, las solicitudes siguen siendo calificadas y, aún a fines de julio, no está claro que realmente vayan a desplegar una organización subnacional amplia y ordenada.

Gonzalo Alcalde – Profesor de la PUCP. Otra Mirada – BAE Internacional.

 FOTO RCR PERÚ 

Hugo Amanque Chaiña


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