¿El valor del voto de los ciudadanos en elecciones 2026 debe ser de castigo o de esperanza?

Hugo Amanque Chaiñaabril 10, 202613min0
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¿El valor del voto de los ciudadanos en elecciones 2026 debe ser de castigo o de esperanza?

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El domingo 12 de abril del 2026 en el Perú un total de 27 millones 325 mil 432 electores ciudadanos entre los 18 a 70 años, elegiremos al nuevo presidente de la república, a los dos vicepresidentes, a los 130 diputados, 60 senadores y cinco parlamentarios andinos para el próximo quinquenio 2026-2031.

Las elecciones generales 2026 en el Perú, confirma ante el mundo tres principios de repúblicas democráticas. Que vivimos en democracia donde las elecciones permanentes son uno de sus principales características, que hay pluralidad de competidores que pugnan por el voto de los ciudadanos y que el soberano (el pueblo) será quien defina en las ánforas quién gobernará el país en el próximo quinquenio 2026-2031.

Los juristas definen a estos factores como repúblicas con democracia representativa. Puede sonar contradictorio, ya que las elecciones no resolverán los problemas inmediatos de un país por arte de magia ya que hay demandas embalsadas por décadas que tomará mucho tiempo solucionarlas. Nuestra democracia peruana tiene fortalezas, pero también debilidades y asimismo tenemos ciudadanos e instituciones responsables e irresponsables. Podemos afirmar que tenemos una democracia joven e imperfecta propia de un país tercermundista, es decir tenemos una democracia subdesarrollada.

Un tema poco explorado y reflexionado en nuestro país, es el valor y la importancia de nuestro voto en las ánforas electorales. El marketero, Rolando Arellano, afirmó en síntesis en uno de sus libros de marketing lo siguiente.

Cuando ahorramos dinero y decidimos comprarnos ropa, refrigeradoras, vehículos o casas, concurrimos al establecimiento donde ofrecen estos productos. Entonces, preguntamos y repreguntamos sobre los costos, el mantenimiento, la garantía, las cuotas y una vez que recibimos toda la información que requerimos de lo que vamos a comprar, recién procedemos a la suscripción del contrato.

Es que la compra de un producto o servicio que requerimos personal o familiarmente, supone un egreso económico de nuestros ahorros o préstamos por muchos meses o años, por lo que somos diligentes en las adquisiciones ya que una vez que pagamos el dinero, el producto adquirido o el servicio prestado, formará parte de nuestro patrimonio personal o familiar. Es decir, somos muy rigurosos y exigentes en las compras de bienes y servicios que requerimos, porque nos estamos desprendiendo de nuestro dinero que nos costó mucho esfuerzo por meses o años.

Pero, ese rigor y exigencia como usuarios o consumidores ante los bienes o servicios que requerimos, no lo tenemos ni lo practicamos cuando estamos en un proceso electoral donde vamos a definir quien merece nuestra confianza política para gobernar en nuestro nombre, lo que los políticos, denominan democracia representativa. Es decir, tenemos rigor cuando definimos lo privado, pero cuando se trata de lo público, no nos interesa.

La mayoría de ciudadanos ad portas de elecciones, no tenemos interés ni indagamos sobre la trayectoria del candidato, no averiguamos sobre sus antecedentes personales, laborales, profesionales. Mucho menos sobre el ideario, el programa, estatuto o plan de gobierno del partido político o alianza electoral que se presenta en las elecciones.

Los electores peruanos en su mayoría, no votamos por programas y generalmente votamos por el “carisma” del candidato o nos dejamos llevar por el “marketing electoral”. Un sector de electores argumentamos que, la “política ni los políticos no nos interesa, porque no vivimos de ellos”, ya que los electores “vivimos de nuestro trabajo” y no de los favores políticos.

Es decir, les dejamos la cancha libre a los “gallinazos”, para que los de siempre participen, compitan y ganen las elecciones con promesas que generalmente incumplen, traicionando al electorado, corrompiéndose en el poder y lo más grave, generando una frustración masiva que genera desconfianza, alentando el peligroso anarquismo y poniendo en duda las ventajas de la democracia representativa.

Es decir, algunos ciudadanos estimamos que vivimos en una “burbuja” y los políticos en el lodazal, donde los ciudadanos no debemos “entrometernos”, sino queremos “contaminarnos”. Olvidamos que en una sociedad convivimos gobernantes y gobernados, por lo tanto, tenemos que ser muy responsables y diligentes al momento de elegir a quién vamos a delegarle nuestro voto para que gobierne en nuestra representación política.

A pocas horas de ir a las ánforas y definir a quien le confiamos la conducción de nuestra patria para el próximo quinquenio, es oportuno reflexionar bien, quién de todos los candidatos merece nuestra confianza personal, pero también a nuestra sociedad incrédula y desconfiada.

Al candidato que elijamos a la presidencia o al parlamento según nuestra afinidad política e ideológica, debemos ser conscientes que ese ciudadano, definirá por nosotros cuando asuma el gobierno ejecutivo o legislativo y adoptará decisiones en nombre de nosotros al aprobar  normas legales, aprobar presupuestos en millones de soles, aprobar políticas públicas, definirá millonarias adquisiciones o contratos, adoptando decisiones que nos beneficiará o perjudicará en nuestra ciudad o país.

De allí la importancia y el valor de nuestro voto que pocas veces valoramos. Nuestro voto en las ánforas electorales no es más que, un “contrato electoral”, de buena fe que nosotros como electores, damos en beneficio de un candidato o un partido político o alianza electoral de un acuerdo a un programa de gobierno presentado ante el electorado y para un cargo específico en nuestra jurisdicción territorial.

Por lo tanto, nuestro voto en las ánforas debe ser un voto de esperanza y confianza al candidato que creemos personalmente y socialmente reúne las condiciones básicas para gobernar en nuestro nombre. Eso nos obliga a ser muy responsables y diligentes para escudriñar la hoja de vida del candidato, pero también de su agrupación política.

Pero, también puede ser un voto de castigó a quienes traicionaron nuestra ilusión y se corrompieron en el poder, sea terruqueandonos en el conflicto social que dejó 49 peruanos fallecidos, aprobando leyes pro crimen o incumpliendo su deber de control político y de fiscalización a los poderes públicos.

Generalmente, cuando hay elecciones ese rigor y diligencia personal hacia los candidatos no los utilizamos racionalmente. Algunos votamos porque el candidato tiene buen floro, otros porque nos dejamos convencer por la propaganda política, otros porque el candidato nos dio un pequeño regalo, otros por convicción ideológica o política y otros por cualquiera cosa, ya que, si no vota en las ánforas, tendremos que pagar una multa electoral y no podremos hacer trámites porque nuestro DNI no tendrá el sello de la ONPE.

Es cierto también que la mayoría de ex candidatos que luego fueron gobernantes, no ejecutaron sus planes de gobierno y se corrompieron de allí, que hoy las encuestadoras afirman que los electores no confían ni en los candidatos, ni en las organizaciones políticas, porque se han deslegitimado y no han sido ni honrados, ni austeros y muchos menos transparentes.

Es oportuno una reseña histórica del derecho al voto en nuestro país. En 1921, cuando nuestra patria cumplió el primer centenario de independencia nacional, el voto o el sufragio electoral, fue un privilegio que un pequeño sector de la población tenía y sólo podían elegir y ser elegidos los que sabían leer y escribir, debían tener 25 años de edad.

Décadas después se redujo a 21 años y recién en el siglo XX, se redujo a 18 años como hasta hoy se mantiene. Incluso, hasta la década del cincuenta del siglo XX, los analfabetos y las mujeres no podían ejercer su voto electoral, ya que imperaba una cultura machista y discriminatoria hoy superada.

Estamos en el año 2026 y hoy como ayer tenemos problemas nacionales irresueltos en todo el país, ya que no hemos tenido una élite política, económica y social con sentimiento patriótico que nos conduzca a buen puerto. Pese a ello, en las últimas décadas, hemos tenido elecciones periódicas que ha evidenciado un pluralismo político. Antaño, se proscribió legalmente a partidos políticos, pero hoy en el siglo XXI tenemos derechos y garantías que son indicadores que tenemos democracia, aunque imperfecta y precaria, especialmente en ciudadanía e institucionalidad.

Pese a los avances, la mega corrupción en el estado y la sociedad peruana, es un cáncer que nos acecha, ya que es un peligro social que no lo hemos extirpado y hay un sector de la población que ya no cree en nadie, por lo que la anarquía y extremismo izquierdista o derechista es un riesgo latente que tenemos que enfrentar tarde que temprano.

No podemos separar el valor del voto personal que cada ciudadano tiene, del valor colectivo de la solidaridad en nuestra sociedad.

Por tanto, antes de votar en las ánforas el domingo 12 de abril, primero debemos analizar rigurosamente a los candidatos y luego tomar una decisión en base a un razonamiento y convicción pensando siempre en lo mejor para nuestra patria. Si la política es poner orden al caos imperante, nuestra voluntad ciudadana debe ser ejercida responsablemente a través del voto para buscar el bien común al que todos aspiramos.

Eso no debemos olvidarlo los ciudadanos cuando concurramos a las ánforas para elegir al nuevo presidente, congresistas y parlamentarios andinos para el próximo quinquenio.

Concluyendo, considero que cada elector debería evaluar la capacidad de todos los candidatos y definir cual de ellos nos puede generar confianza para conducir los destinos de nuestra patria. También debemos evaluar su honestidad, es decir, su valor moral y ética profesional en su trayectoria de las ultimas décadas. No menos importante es la sensibilidad social del candidato provenga de la derecha, izquierda y centro político.

El país ha crecido en macroeconomía, pero no ha mejorado en las tres últimas décadas el índice de desarrollo humano según el PNUD y es la sierra y la selva peruana donde no llegado el desarrollo y progreso y por eso esos electores del interior del país son los que desean cambios porque siempre fueron postergados por el centralismo imperante. Valoremos nuestro voto y votemos con responsabilidad por el futuro de nuestros hijos y nietos.

Hugo Amanque Chaiña – Periodista y Abogado

 

Hugo Amanque Chaiña


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