Las celebraciones del primer centenario de la independencia del Perú

Hugo Amanque Chaiñajulio 26, 20259min0
Hugo Amanque Chaiñajulio 26, 20259min0

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Las celebraciones del primer centenario de la independencia del Perú

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Cuando el Perú se dispuso a celebrar los cien años de fundación de la República era presidente Augusto Bernardino Leguía. Su gobierno es conocido como el “Oncenio” porque duró once años, de 1919 a 1930. Sin embargo, él mismo y sus seguidores denominaron a este periodo la “Patria Nueva”, pues asumían que inauguraban una nueva época, muy distinta a la del siglo XIX y también muy distante de la “República Aristocrática”, que había estado en el poder desde 1895 hasta 1919.

El término República Aristocrática fue utilizado por Jorge Basadre para explicar que en esos años gobernó una alianza de diversos grupos económicos, como los dueños de haciendas del norte, los comerciantes de lanas del sur, los mineros y hacendados de la sierra, entre otros sectores con los más altos ingresos económicos, quienes fueron elegidos por una minoría del cinco por ciento de la población que sabía leer y escribir.

El proyecto de Leguía, al denominarse Patria Nueva, hizo que las fiestas por la Independencia se convirtiesen en una oportunidad para vincularlo simbólicamente con los orígenes de la República; así se recordó la proclamación de la Independencia dada por José de San Martín y el triunfo militar, como fueron las batallas de Junín y Ayacucho, lideradas por Simón Bolívar. Celebrando estos acontecimientos fundacionales se quiso encontrar la inspiración para realizar los cambios propuestos en el Oncenio.

Por ello, no es casual que en ese período se elaborará una alegoría que vinculaba a Bolívar con las principales autoridades de su gobierno. Este periodo destaca también por enmarcar cambios sociales concretos. Aquí entran nuevos actores y nuevas formas de expresión social urbana.

Ejemplo de ello son los trabajadores asalariados o proletarios, un grupo social nuevo formado tras la instalación de fábricas en varias zonas de la ciudad a fines del siglo XIX. La universidad también experimenta una reforma universitaria que educa a profesionales con nuevas inquietudes y compromisos. El mundo militar se profesionaliza con la llegada de la misión francesa en 1896, lo que permitirá una mejor formación y dar vuelta a la página de los ejércitos liderados por caudillos locales del siglo XIX.

El contexto físico fundamental en el que cobra sentido la celebración del Centenario es la ciudad. Y como las fiestas de Independencia eran la oportunidad para evidenciar la “refundación” leguiísta de la República, el Estado no duda en apoyar proyectos que incluyeron renovar la ciudad siguiendo criterios modernos que implicaba la construcción de grandes avenidas, monumentos y plazas públicas, lo que constituye aquello que diversos estudiosos, como Burucúa y Campagne, denominan la “etapa monumental” de las ciudades sudamericanas.

Se vivía un contexto en el que importaba estar a tono con la tendencia que inauguraron grandes ciudades como París, Viena, Londres y Nueva York. Puede afirmarse que las celebraciones del Centenario buscaron generar una imagen de ciudad moderna y civilizada. De ahí que se caracterizaron tanto por conseguir una importante participación de delegaciones extranjeras como por realizar modificaciones urbanas, especialmente en Lima. También puede decirse que con Leguía se incorporó el gusto por lo norteamericano en la arquitectura, en la dinámica económica y en el estilo de vida.

Como señala el historiador Juan Luis Orrego, en 1921 el presidente Leguía contaba con el apoyo de todos los sectores sociales y grupos políticos progresistas del país, que se enfrentaban a los miembros del Partido Civil que había estado en el poder en los años previos. Pero en 1924 se produce un cambio político significativo, justo dos meses antes de las celebraciones del Centenario del triunfo de la Batalla de Ayacucho y las hazañas de Simón Bolívar: Leguía es reelecto gracias a la modificación de la Constitución.

Es decir que el presidente cruzó la línea política acordada con sus aliados de la primera etapa y se consolidó en un régimen autoritario, lo que causó conflictos y rupturas dentro de su propia agrupación política y con los grupos antes aliados. Por ejemplo, Germán Leguía y Martínez, su primo y gran colaborador durante la primera etapa del Oncenio, y José Antonio Encinas, educador, diputado por Puno, muy vinculado a la Universidad de San Marcos y a la reforma universitaria, fueron grandes personajes de la época que apoyaron a Leguía en un primer momento, pero que después de la reelección —a la cual se opusieron—, se alejaron de él y sufrieron el exilio.

Era momento de empezar a dar vuelta a la página del sinsabor dejado por la Guerra del Pacífico y de buscar en la fundación de la República la inspiración de un “nuevo” pacto. Pero esto era un asunto muy delicado. Por un lado, el Perú de ese entonces tenía con Chile un problema no resuelto que se reflejó en las celebraciones.

La población, especialmente la del sur, sufría por las “cautivas” Tacna y Arica en poder de Chile, debido a lo cual no hubo representación chilena en el Perú, ni en 1921 ni en 1924. Por otro lado, se fortalecieron los lazos de amistad con Bolivia, país con el cual se compartía la mutilación del territorio por el conflicto con Chile. Por eso fue muy significativa la presencia en 1924 del presidente de Bolivia. Con ese mismo espíritu, durante las ceremonias públicas y privadas se trató con deferencia a los defensores de “la causa” peruana frente a Chile.

Es decir que la celebración del Centenario también colaboró con reforzar la posición del Perú respecto de la situación de las dos “cautivas” sureñas. Llegado el momento, la ciudad y el país quedaron más o menos listos para ser visitados por las delegaciones extranjeras, pero a pesar del enorme esfuerzo que se realizó, también hubo improvisación y demoras en las gestiones. No obstante, esas generaciones aspiraban a ser valoradas con la nueva imagen mostrada al mundo entero. Por ello, todo este gran despliegue se hizo con suntuosidad y gran festejo. Todas las instituciones públicas estuvieron comprometidas con las celebraciones, utilizando muchos recursos y desplegando propaganda a través de diversos medios en el primer centenario del Perú.

Carlota Casalino Sen – Munilibros de la Municipalidad Metropolitana de Lima

Foto El Peruano

Hugo Amanque Chaiña


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