Arequipa le debe una estatua de bronce al Doctor, Francisco Mostajo Miranda.

Hugo Amanque Chaiñaagosto 5, 20266min38
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Arequipa le debe una estatua de bronce al Doctor, Francisco Mostajo Miranda.

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El bronce, o sea la estatua o el monumento, perpetúa la memoria de los grandes hombres. Nuestras ciudades ostentan hermosas estatuas de los padres de la emancipación nacional y de nuestros héroes de la guerra del Pacifico, a los que con justicia se rinde homenaje a través del bronce.

Los jóvenes y niños reciben lecciones vivas de historia con la presencia de estas estatuas ya que perciben objetivamente en ellas la identificación del pueblo y de la nación con sus figuras próceres.

Arequipa debe un monumento a Francisco Mostajo Miranda y junto a él a otras figuras civiles, que tambien esperan reconocimiento de la ciudad.

La historia de Arequipa republicana es prodiga en hijos que han dado renombre a nuestra ciudad: juristas, historiadores, científicos y literatos han creado y entregado lo mejor de su producción en Arequipa, por ello parte de la imagen histórica de Arequipa tiene que ver con la intelectualidad.

Pensemos en Andrés Martínez, en Luna Pizarro, en Mariano José Arce, en Gómez Sánchez, en el Déan Valdivia, los Paz Soldán, en Garcia Calderón, en Toribio Pacheco, y otros que con su trabajo creador nos han legado una obra perdurable y a los que legítimamente debemos homenaje ciudadano.

Pero el doctor Francisco Mostajo Miranda es un símbolo, porque reúne en su personalidad variados aspectos que lo identifican con Arequipa.

Mostajo es el historiador de la Arequipa republicana, es quien abrió el camino para el reconocimiento de la rica historia política de nuestra ciudad y señaló la presencia de está em la Historia del Perú como un rasgo permanente.

Mostajo fue un luchador social que desde su juventud se identificó con la causa de los humildes y que dedicó sus afanes profesionales como abogado a la defensa y promoción de la clase trabajadora.

Mostajo fue periodista combativo que desde las paginas del Ariete, del Ajicito, del Zurriago, señaló los males sociales y fustigó a los indolentes y clamó por una mejora en la sociedad peruana.

Mostajo fue un tribuno y orador que en la Pontezuela de la Plaza Mayor de Arequipa erige una tribuna en donde su verbo rotundo se hace escuchar junto con la voz de Lino Urquieta, Modesto Málaga y otros liberales de la época.

Mostajo fue catedrático universitario, que enseñando Historia del Derecho Peruano y pronunciando solidos discursos de apertura de año universitario, forjó las bases de muchos estudios históricos que se ha elaboraron posteriormente.

Él rindió homenaje a los jurisconsultos arequipeños, a los codificadores, a los historiadores, y a los hombres públicos del pasado siglo. Mostajo fue abogado que en el Colegio de Abogados ocupó con frecuencia la tribuna para rendir homenaje a los pensadores mistianos y publicó sesudos trabajos en la prestigiosa revista de esa corporación profesional que es honra y prez de Arequipa.

Mostajo fue magistrado integro que ocupó por merito propio los cargos judiciales que le confirieron y lleva a ellos el aliento de su probidad y de su sentido de justicia.

Mostajo es poeta que en sentidos versos canta a su ciudad de Arequipa y es literato que recoge sus leyendas y su folclore, reúne amorosamente las voces de su tierra, las clasifica y nos da un camino para estudiar este aspecto singular de nuestra manera de ser.

Es verdad, no nos gana el sentimiento de hacer hipérbole con la figura de este gran ciudadano arequipeño, pero en 1950 da muestra una vez más de su profundo amor por Arequipa.

Retirado a la vida privada, cuyo silencio había ganado con esfuerzo y trabajos, no vacila en acudir y cuando su pueblo lo llama a conducirlo a una jornada de gloria y de afirmación cívica.

La injusta prisión que sufre, en lugar de deshonrarlo, lo eleva por encima de la acción de sus captores y rinde aún esa ultima prueba de sacrificio por sus ideales, resulta consecuente hasta tres años antes de su muerte, con sus ideales liberales, republicanos y democráticos.

Arequipa, le debe una estatua al doctor, Francisco Mostajo Miranda. Bien haría la Municipalidad Provincial de Arequipa en iniciar una cruzada cívica, destinada a que el pueblo que se entregó esté ausente un maestro, se reúna el bronce que perpetúe su memoria como homenaje de la ciudad que lo vio nacer.

Dr. Eusebio Quiroz Paz Soldán – Libro Entorno a mi Ciudad de Arequipa

FOTO DIARIO CORREO

Hugo Amanque Chaiña


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