pressadminagosto 15, 20228min396

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Crónica del naufragio: las derechas

montoyas

Imagen. TV Perú

Si algo resulta relevante de los resultados de la última votación en el Congreso de la República es la absoluta imposibilidad de alcanzar los 87 votos que necesitan para vacar al presidente Pedro Castillo, solo alcanzaron 55 votos en el segundo intento de vacancia; y, recientemente han obtenido 67 votos para impedir que Castillo viaje a Colombia a la transmisión de mando del presidente Gustavo Petro.

Antes, todas las bancadas de las derechas solo alcanzaron 73 votos para elegir la Mesa Directiva del Congreso; ciertamente se dividieron en cuatro listas, pero luego en la segunda votación también se dividieron. Así los hechos, los 87 votos aparecen como algo que, según Ghibellini “luce lejano… inalcanzable”. La batalla está perdida, reconoce Rospigliosi, y añade: quienes creen que Castillo está a punto de caer, se equivocan.

¿Cómo llegaron a esto? ¿Cómo explican su fracaso?

Las respuestas son deliciosas. Todas, por supuesto, responsabilizan a otros: a Castillo, a los caviares (sobre todo a ellos), a la cobardía de los parlamentarios que no votan por la vacancia. En verdad, no confían en nadie. “La derecha – dice Vásquez Kunze – son como un zapato desamarrado con el peligro constante de enredarse en los cordones y darse un traspiés… son incapaces de llegar a un consenso”. Rospigliosi da un paso más, acusa a los parlamentarios de Renovación Popular y Avanza País (no toca a los fujimoristas) de “no tener experiencia política común, tampoco principios políticos ni ideológicos que los unan”.

¿Qué hacer?

Bueno, no han abandonado la tesis del golpe militar. Lo dicen abiertamente, pero, cómo no tienen ni la fuerza ni la capacidad para ello, entonces están apelando a otros mecanismos, cada cual más alucinante. Jorge Morelli, por ejemplo, uno de los más moderados, ante la fatalidad de los hechos concluye que hay tres peligros en la caída de Castillo, la primera: que los caviares se hagan del poder que es el plan más peligroso; la segunda que: que el Congreso finalmente vaque a Castillo pero que su reemplazo sea Lady Camones y eso sería un plan tonto; la tercera: que el eje La Habana – Caracas se haga del poder mediante la algarada de las movilizaciones; ese sería el peor de los escenarios. Por eso, ante esas tres opciones fatales “la menos mala por el momento es dejar a Castillo donde está hasta que podamos ver más claro y sofocar todo intento de violencia en las calles.”

Ya está. Ya lo dijo: mejor se quedan con Castillo antes que “los caviares capturen el poder”.

Pero no todos piensan así, todavía guardan esperanza de que Castillo se vaya por las buenas porque por las malas ya fracasaron. Vásquez Kunze idea un plan audaz: ofrecer a Castillo una salida negociada; es decir, si decide abandonar el gobierno, “se le asegura que su libertad y la de su familia no será afectada”; es decir, no le harán juicio; fíjense la barbaridad que afirma: “La zanahoria es la inmunidad total con tal de que se vaya a través de una transición ordenada con límites de tiempo bien acotados.”

Indudablemente no todos piensan lo mismo; toda la derecha conservadora (dentro del Congreso y fuera de él) sigue pensando en el golpe de Estado; pero, lejos de tener claridad de objetivos lo que evidencian es su absoluta desconexión con la realidad y la poca comprensión del aislamiento en que se encuentran. Rospigliosi, por ejemplo, propone ocho puntos básicos que debe cumplir su gobierno de transición y todos ellos tienen como propósito eliminar ocho enemigos reales o imaginarios; claro el enemigo principal son los caviares; los otros son enemigos secundarios, pero enemigos al fin. Con lo cual queda claro que el gobierno de transición que reclama debe ser de la ultraderecha conservadora; no admite vacilantes o sospechosos de caviares.

En el mismo sentido escribe Jaime de Althaus. “Las fuerzas democráticas – léase la ultraderecha peruana – deben formar una mesa de trabajo que prepare las bases de un plan de recuperación nacional”. El único problema es que cuando habla de fuerzas democráticas excluye a otras fuerzas políticas sea de izquierda o caviares. Obviamente la mesa de trabajo que reclama es para ponerse de acuerdo entre ellos para derrotar a la izquierda y a los caviares. Vale decir, la recuperación nacional será hecha por la derecha y para la derecha con lo cual queda claro que el gobierno y el poder será de ellos y para ellos.

Hasta aquí la crónica del naufragio de las derechas en su intento de hacerse del poder absoluto del Estado. Lo narrado, no obstante, no es una particularidad del momento político, sino la constatación del poco apego y respeto que ellas tienen de la democracia y de los procedimientos democráticos para ganar gobierno. Nótese que los intentos de vacar a presidentes estuvieron siempre presentes luego de la caída del dictador Fujimori. Intentaron vacar a Alejandro Toledo, a Ollanta Humala, por las mismas razones que hoy quieren vacar a Castillo; lo hicieron con PPK primero y luego con Vizcarra, en ambos casos lograron su cometido, pero no triunfaron.

La desesperación del momento evidencia que quieren asaltar el poder por las buenas y por las malas. No creen en la democracia, mucho menos en los consensos y menos aún en la concertación con otras expresiones políticas. Han generado tanto odio en su intento de capturar el poder que han hecho de la política un campo de batalla donde ya es imposible lograr reconciliar a los peruanos.

Sin duda han enloquecido. En la mitología griega existe el concepto HYBRIS que puede aplicarse a este caso: quienes sufren de desmesura, arrogancia y soberbia pronto serán aniquilados: «Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco», dice este proverbio griego atribuido a Eurípides.

Victor Caballero Marín – Otra Mirada

 

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