pressadminjulio 29, 202215min364

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¿Qué hacemos con los gurkas o “cabezas de piedra” en el Congreso Nacional?

gurkas cutras

Imagen: Perú 21

El Código de Ética Parlamentaria vigente, señala, en resumen, cuales son los deberes de cada uno de los ciento treinta legisladores, incluidos los parlamentarios andinos que representan a nuestro país en el foro andino:  Textualmente, refiere lo siguiente: “El congresista realiza su labor conforme a los principios de independencia, transparencia, honradez, veracidad, respeto, tolerancia, responsabilidad, democracia, bien común, integridad, objetividad y justicia en cada uno de sus actos”. En el mensaje a la Nación del 28 de julio del presidente Castillo, ¿Algunos legisladores han respetado escrupulosamente su Código de Etica Parlamentaria que están obligados a acatar?

El presidente Castillo en sus dos horas de presentación ante la representación nacional, no denigró, ni mancilló ni satanizó a ningún congresista ni a ninguna de las doce bancadas parlamentarias. El Jefe de Estado efectuó un resumen de lo ejecutado y precisó los proyectos y programas que pretende ejecutar más adelante y les recordó que su gobierno desde que inició su gestión en julio del 2021, presentó más de 45 proyectos de ley y solo una décima parte de ellas han sido aprobados. Ni siquiera los conminó ni les hizo recordar que, por mandato constitucional, las iniciativas legislativas del poder ejecutivo tienen prioridad en la agenda legislativa como señala la actual Constitución, pero no lo hizo, obviamente para evitar fricciones con el poder legislativo.

El mensaje presidencial, tuvo, aciertos, desaciertos y varias omisiones, que más adelante puntualizaremos objetivamente. En un mensaje a la nación, hay que analizar no solo el fondo del asunto, (el contenido del discurso, lo ejecutado y lo que pretende ejecutarse a futuro), sino también las formas (el comportamiento de los principales actores, tanto el presidente como de los congresistas, ya que ambas autoridades representan a la nación en el ejecutivo y legislativo en representación del pueblo).

Desde 1980 cuanto retornó la democracia al país hasta el año vigente 2022, nunca he visto un espectáculo bochornoso y repudiable de un sector de la derecha y extrema derecha parlamentaria en la Casa de las Leyes como también se denomina al Congreso Nacional. Ni siquiera con el ex presidente y hoy delincuente sentenciado judicialmente, Alberto Fujimori y los diputados opositores, ni con Alan Garcia cuando fue reelegido y asistió al parlamento para asumir su segundo mandato, ni mucho menos contra Ollanta Humala, cuando asumió su gobierno y prometió la transformación que ese estafador político no transformó nada durante gobierno a favor de las mayorías nacionales que ingenuamente votaron por él.

Hoy el escenario es otro, los actores son otros y los tiempos son diferentes a antaño, pero surge una conclusión: Cada Parlamento nuevo, se autodestruye institucionalmente ante el pueblo por la culpa de algunos gurkas (cabezas de piedra), que cual talibanes religiosos, quieren imponer con insultos y agravios sus ideas fundamentalistas por la razón o por la fuerza a quien gobierna en nombre del pueblo quien lo eligió democráticamente. Castillo no es santo de mi devoción y ha cometido múltiples errores que ha reconocido y admitido en su mensaje ante el país y el Congreso. Pero, los dinosaurios de la extrema derecha parlamentaria, tal vez hayan deseado que el presidente de la república se arrodille ante esa minoría, que se auto flagele públicamente y se auto incrimine de los presuntos delitos que se le imputan para presentarlo ante la opinión pública como un incapaz e inepto que no sabe conducir los destinos de la nación y presentarse ellos como la tabla de salvación política ante el electorado.

Castillo no hubiera llegado jamás a la presidencia de la república, si en los 201 años de independencia nacional que fuimos gobernados por la derecha y extrema derecha política, nuestro país hubiera sido gobernado con eficiencia, transparencia y honradez por nuestros ex gobernantes. El mortal Covid 19 nos desnudó como Estado corrupto, ineficiente, con servicios públicos deficientes, con un centralismo vigente, sin inclusión social ni solidaridad. Más de 200 mil compatriotas murieron y los peruanos comprobamos que nuestro sistema de salud fue un fracaso histórico, porque ni con 500 mil soles que exigían clínicas privadas para atender a los contagiados, no teníamos la seguridad que nuestros familiares podían salvar su vida.

La extrema derecha y sus acólitos, sostienen que hemos crecido económicamente en las tres últimas décadas, pero ocultan intencionalmente, que no hemos tenido un crecimiento en el índice de desarrollo humano como lo demuestran las cifras oficiales del PNUD que es otra variable para comprobar si los ciudadanos ven o no mejoría en los servicios públicos y en su forma de vida en sus países. Una elite se ha enriquecido, pero el pueblo mayoritariamente sigue siendo pobre y está en la clase B, C y D.

En el mensaje presidencial, a Castillo, no solamente lo abuchearon, lo pifiaron, le dieron la espalda, le mentaron la madre y no lo dejaron terminar su discurso. Los agravios no solo fueron al presidente Castillo, sino al pueblo a quien él representa y eso no lo asimilan los representantes de la derecha política, mediática y empresarial. Les duele que un profesor y campesino sea el Jefe de Estado, lo que confirma el racismo e intolerancia del pensamiento ultraconservador que creíamos superado en el siglo XXI en el Perú.

Ese capítulo y sus actores formarán para vergüenza del actual parlamento del registro histórico legislativo del primer poder del Estado. Una vergüenza que la actual presidenta del Congreso, Lady Camones, hasta hoy en nombre de esa minoría intransigente, no haya pedido disculpas al pueblo peruano por el mal comportamiento de sus colegas, lo que confirma que será una marioneta más de la trama golpista directa o indirecta contra el inquilino de palacio de gobierno que comenzó María Alva.

Creo en el sistema democrático y sus principios y uno de ellos como indispensable, es el Congreso que como poder del Estado, representa la soberanía del pueblo y refleja el pluralismo político y social de la Nación, por lo que adquieren legalidad y legitimidad de origen, quienes son elegidos. Encarnan, por tanto, al poder constituido por la voluntad popular y tiene por funciones específicas, expedir normas de acuerdo a los procedimientos constitucionales, controlar el ejercicio del poder, fiscalizar los actos de los gobernantes y ejercer representación política. Creo que deben ejercer sus derechos constitucionales, pero rechazo que abusen de dichos derechos como hoy se percibe en algunos gurkas derechistas en el legislativo.

Nuestro primer Congreso Constituyente se instaló el viernes 20 de septiembre de 1822 en una ceremonia que se desarrolló en la capilla antigua de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sus primeros integrantes fueron 71 representantes, siendo su trabajo inicial la redacción y aprobación de la primera Constitución Política que fue promulgada el 12 de noviembre de 1823. Desde su instalación hasta hoy, año 2022, han transcurrido 200 años, en los cuales este poder del Estado, tuvo una frágil institucionalidad, tal como sucedió con nuestra República.

Tuvo recesos, interrupciones, golpes de estado, lo que en ocasiones motivó que el Parlamento se instale y sesione fuera de Lima. Tuvo brillantes tribunos, juristas, oradores y polemistas que la historia legislativa no ha resaltado en su real dimensión. Por supuesto que también el legislativo tuvo representantes repudiables e impresentables como los tiene hoy que no hicieron honor a su denominación de “Padres de la Patria”.

Hoy en el siglo XXI, el Parlamento que merecería tener profundo respeto y prestigio institucional por parte del soberano, lamentablemente en imagen ante la opinión pública, cada vez está más devaluado, especialmente por mal comportamiento de sus integrantes, sino también porque las bancadas parlamentarias cual lobistas, legislan según sus intereses y de quienes financiaron sus campañas electorales, y no en función del bien común como son las mayorías nacionales, amen que abusan de su inmunidad legislativa.

En toda democracia moderna, es indispensable la oposición política para señalar los errores y proponer soluciones al poder ejecutivo, pero los Estados requieren de una oposición leal, constructiva y responsable y no de una oposición obstruccionista, encarnizada y cruel que solo busca deslegitimizar a un gobierno elegido democráticamente por las mayorías nacionales

Los otorongos creen que, por formar parte del primer poder del Estado, tienen un cheque en blanco para agraviar y ofender a quienes no tienen su línea de pensamiento político e ideológico y abusan de la inmunidad parlamentaria. Insultan a ministros que son interpelados y no pasa nada.  Esos excesos verbales tolerados por la mesa directiva del Congreso, los autodestruye institucionalmente ante la opinión pública y los desacredita como interlocutores de la ciudadanía, porque no es gritando, ni insultando ni agraviando como se resuelven los problemas del Estado.

Se están haciendo institucionalmente el “harakiri” y no se dan cuenta que el 80% de ciudadanos según las últimas encuestas, los desaprueban y en vez de moderar sus discursos y propuestas para que el gobierno acoja sus peticiones y enmienden la gestión pública nacional, los hacen ver ante la opinión pública como obstructores e intolerantes y no como demócratas.

Ellos no perciben aún que al ejecutivo y legislativo los hemos elegido democráticamente para que gobiernen en aras del bien común y no para que se enfrenten ni agravien continuamente. El poder legislativo y poder ejecutivo, tienen la obligación de apoyo y cooperación mutua pensando en el bienestar de los ciudadanos y no lo están haciendo. El Estado tiene semejanza con la familia. Si el padre y la madre de un hogar, están en permanente conflicto y enfrentamiento abierto incluido los insultos, los hijos mayores y menores se sentirán inseguros, desconfiados y desprotegidos y no sabrán a quien obedecer ni respetar. Si uno de ellos no cede pensando en el futuro de la familia, con seguridad ese hogar será un infierno y los hijos no querrán volver a casa y los padres no merecerán ningún respeto ni consideración de sus hijos ni de su entorno social. Eso no lo entienden ni asimilan los extremistas en el Congreso ni en el partido del gobierno.

Exigimos, por tanto, que nuestros representantes actúen con responsabilidad y madurez, que sin perder el ejercicio de control político inherente al cargo que ostentan, no abusen de ese derecho constitucional, ya que todos los meses están con interpelaciones, citaciones a ministros, censuras y vacancias. Están poniendo al país ad portas de una explosión social de imprevisibles consecuencias, tan solo por su intolerancia política e ideológica de la extrema derecha y la extrema izquierda.

En 42 años de democracia representativa en mi patria, es la primera vez que he observado como periodista y ciudadano, un maltrato innecesario e injusto a un Jefe de Estado. Ningún Congreso anterior se atrevió a tanto vejamen y malcriadez con la complicidad de la mesa directiva del Congreso que conduce las sesiones del legislativo que cree que el presidente y los ministros son sus vasallos y sirvientes que tienen que oír infundios personales y no sobre observaciones a la gestión pública. Si persisten con esa actitud de intolerancia y agresividad, con seguridad no serán respetados en sus actuaciones en ceremonias publicas cuando asistan los ciudadanos y corren el riesgo que sean abucheados como ha sucedido en otros países vecinos y el pueblo salga a las calles y plazas públicas, exigiendo “que se vayan todos”, como ha sucedido en otros Estados del Mundo.

Hugo Amanque Chaiña – Periodista y Abogado

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