Hugo Amanque Chaiñaenero 27, 20226min251

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Al dirigente bancario Edgardo Cuba Escobedo, In memoriam

memorian cuba

Imagen: Fundeu Guzmán Ariza

In memoriam es una alocución latina que une un evento fúnebre, con un gran sentimiento de respeto social. Se asocia también a la vida memorable del difunto. En el fondo no es de la memoria del que ha partido de la que hablamos, sino de nuestra propia memoria histórica y de cómo, —muchos—, nos sentimos tributarios de su vida; ósea, deudores de su legado.  Tal es el caso de Edgardo Cuba Escobedo, actor principal, junto con otros sindicalistas, del esplendor que alcanzaron los derechos de los trabajadores peruanos en general, y particularmente de los trabajadores bancarios del sur del Perú en la década de los años 70s del siglo pasado.

La gran huelga bancaria de 1964, que paralizó el sistema financiero del país por un mes, fue la primera irrupción poderosa de los trabajadores como agentes deliberantes de la sociedad peruana; precedió así cuatro años antes al primer gran vuelco social en el Perú, que trajo consigo la Reforma Agraria. Cuando esta menguó fueron otra vez los trabajadores en su gloriosa huelga del 19 de julio de 1977 quienes rompieron la hegemonía de la casta cívico-militar y abrieron la puerta para la instauración de la democracia en el Perú.

Edgardo Cuba Escobedo perteneció a una generación especial de trabajadores peruanos. Una generación especial porque no ocuparon la historia ni sus escenarios; más bien, construyeron los escenarios donde hicieron nuestra propia historia. Una generación especial de trabajadores Clasistas, porque sabían que pertenecían a la clase trabajadora, respetuosos con el prójimo y respetuosos de sí mismos. Los animaba la Justicia Social y no la injusvidia, esa perversión mental de querer ser igual que los patrones y medrar, abusar y lucrar como ellos.

Aparte de los derechos pactados en una copiosa jurisprudencia y legislación laboral bancaria, los trabajadores bancarios habíamos reducido la distancia social con nuestros patrones, especialmente en el código no escrito del respeto a nuestra dignidad personal.  Eran tiempos en que ningún gerente o administrador, aprovechándose de su cargo, podía maltratar a un bancario. Se cerraban las oficinas y suspendían las labores, hasta que el abusador no pidiera disculpas públicas. Este solo hecho retrata dónde estuvimos entonces y donde están los trabajadores ahora, inmersos en la precariedad general.

Edgardo Cuba Escobedo era un hombre grande, en todo el sentido de la palabra. De físico imponente; no tenía ayayeros ni precisaba de seguridad. Llevaba siempre unos característicos anteojos de lunas ligeramente polarizadas. Su oratoria era precisa y mayor aún su tenacidad, cuando, junto con otros memorables dirigentes bancarios de entonces, fue detenido por miembros de las Fuerzas Armadas, con sus propias manos puso a salvo de la destrucción militar, el aparatoso mimeógrafo que daba luz a Voz Bancaria, el boletín sindical de la región sur.

Edgardo era un hombre práctico y muy sobrio en sus propósitos. Alguna vez, en una mesa de negociación con la patronal, subrepticiamente con unos golpes de rodilla debajo de la mesa, me enseñó que más vale la firmeza de propósitos que el despliegue vertiginoso de la ira inconducente. A nivel mundial, la pandemia se ha llevado a cientos de miles de nuestros mayores, muertos la mayor de las veces, sin pena ni gloria y muchos también en la más absoluta soledad.

A Edgardo ya lo esperan Jorge Rivas, Roque Murillo y Pablo Tapia, quienes lo precedieron en su partida. Alcanzo mi congoja y duelo a sus familiares, y también a los compañeros Tito Delgado, Jesús De los Ríos, Augusto Álvarez, Flavio Cayani, Hernán Mollo, Reinaldo San Miguel, Gilberto Gutiérrez, al laboralista Chávez Lauro y a la compañera Nury Hinojosa.

Edgardo Cuba Escobedo fue el primer dirigente arequipeño que visitó la Cuba liberada en los 60s. Llegó a ser Secretario General de la Federación de Empleados Bancarios del Perú. Edgardo, que la tierra que te cubre y la memoria que te cobija te sean propicias y dignas en la muerte, como te fue en tu vida, consagrada a la lucha por una vida digna para los trabajadores.

Escrito en Londres, el 24 de enero de 2022, por quien tuvo el honor de ser tu Secretario de Prensa y Propaganda.

 Alejandro Lira Landa

Hugo Amanque Chaiña


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