Hugo Amanque Chaiñajunio 2, 202129min115

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Seis razones por las que Castillo puede ganar abrumadoramente

el profesor pedro

Crédito de Imagen: Andina

La sociedad peruana, cuya tendencia es a la democratización, está resistiendo la polarización electoral. Si bien hay algunos choques entre ambos bandos, estos no han escalado. La polarización ha crecido porque los perdedores van sumándose hacia uno u otro bando. Así, el candidato perdedor “ultraderechista” López Aliaga, pidió la muerte de Castillo. Pero la elasticidad democrática de las y los peruanos resiste este embate de los extremos.

Un caso “redondo” de polarización

Keiko Fujimori, para la segunda vuelta, comenzó a usar la camiseta de la selección peruana de fútbol en sus presentaciones. No fue muy criticada, pues otros candidatos lo habían hecho. Pero sí ha escalado la campaña “Ponte la camiseta”, donde muchos futbolistas de la selección peruana, sin decirlo, abogan a favor de Keiko. Vinieron las críticas y, según EFE, la agencia que los representa “habría insistido fuertemente” para que “al unísono” digan “no al comunismo”.

Castillo sigue liderando

Son varios los factores que explicarían esta táctica de buscar el apoyo hasta en jugadores de fútbol. El central es la consternación de Keiko, pues por tercera vez queda segunda en la primera vuelta, y no puede remontar a su rival. Para el IEP Castillo tiene al 16 de mayo un 36.5% y Keiko 29.6%, a pesar de “los errores gruesos de Castillo y la campaña mediática en su contra, y pese a que Fujimori tiene una mejor estrategia de campaña, no lo sobrepasa.” ¿Por qué?

Siete razones para el probable triunfo de Castillo

La primera es que el “terruqueo”, quizá por lo falso y desesperado, ya no funciona. Lleva a excesos, victimiza y más bien crea héroes. Al parecer Keiko y su equipo sienten contrariedad, frustración, pérdida. Porque casi un mes terruqueando, y esto no afecta las preferencias electorales. No llega a la mente, al corazón, al espíritu del indeciso, o al votante por Castillo. Pero a sus seguidores los radicaliza, y quizá en algún momento pueden descubrir lo falso.

Por eso Keiko no tiene más opción que terruquear más, ser más radical y puede cometer más excesos confrontando más. Lo importante de esta estrategia, lamentable para Keiko, es que no hay vuelta atrás. No puede dejar de terruquear. Porque aceptar que Castillo no es marxista, leninista, maoísta, comunista, terruco, senderista, etc., sería simplemente un triunfo aplastante para Castillo. La columna vertebral de la campaña se desplomaría.

Seguro piensan que si no funciona es porque no hay mucha presión, despliegue, cobertura. No porque la gente no lo crea, sino porque quizá no conoce bien. En marketing la reiteración es clave. Los paneles, las declaraciones de su equipo, las opiniones de los jugadores, los spots de 2 a 3 minutos que se ven en las redes, y las opiniones de otros líderes, entre otras acciones, apuntan a eso. Reiterar para convencer.

Dos estrategias contrarias

La segunda es la diferencia en la estrategia. Keiko, como señala el IEP, tiene una “mejor estrategia de campaña”, pues seguro cuenta con asesores en marketing político, pero a la vez quizá es la peor estrategia, por su poca sensibilidad sobre el sentir del peruano pobre. La estrategia es confrontacional, agresiva, provocadora. Busca infundir miedo. El talante autoritario de la campaña hace que polarice más, en un país que busca más consenso.

El objetivo es arrinconar a Castillo al extremo político. Sacarlo del medio. Pero al arrasarlo, arrasan también a sus votantes. Craso error. Una estrategia fina debió distinguir entre Castillo y sus votantes. Esta campaña por el contrario ha soldado, reafirmado, ampliado el vínculo entre Castillo y sus votantes, que lo han visto como uno de ellos: democrático, reformista, inconforme. Que busca el cambio, no el caos. Que piensa en el Perú no en Venezuela.

Además, la estrategia es negativa, no afirmativa. No se fija en ella y sus propuestas, sino en vincular a Castillo con Maduro, Evo, Fidel, que es un comunista extremista, radical, pro terrorista, autoritario y decadente, que llevará al país a la fractura, la pobreza y la bancarrota. Los carteles por todo Lima lo atestiguan. No intentan convencer al indeciso de las bondades de Keiko y sus propuestas, sino anunciar la desgracia que viene con Castillo. El indeciso busca afirmaciones para asirse de ellas, y no oposiciones que no puede sustentar.

Esta estrategia, consciente o inconsciente, de satanizar a Castillo enviándolo fuera del marco democrático, aislarlo del centro, no se basó en vincular, acercar, consensuar a Keiko con el centro. Se basó en que el encono, la polarización, la confrontación, beneficiaría a Keiko. No era la búsqueda de consensos, diálogo, entendimiento para jalar al indeciso. Era espantarlo de Castillo para que se acerque a Keiko. Por ello, yerra la estrategia de Keiko al ir a contracorriente de lo que el país plantea. Avanza el que afirma, el propositivo, el que corre con el viento a favor de la historia. Keiko ha ido contra la historia y su futuro.

Castillo, por el contrario, seguro sin asesores especializados en marketing electoral y político, hace lo que su instinto político, su sensibilidad social o su grupo de confianza le indica. Una de ellas es no responder a su rival, visitar los pueblos, dar mensajes claros sobre su propuesta, con errores o falencias, y escuchar lo que plantea la gente. Evaluar si sintoniza o no con lo que la gente quiere. Y como no es ni conoce de marxismo leninismo, se desmarca de su entorno más radical como Cerrón. Por eso la estrategia millonaria de arrinconamiento se cae.

Cercanía y organicidad

La tercera razón es que, si bien Keiko tiene cercanía con la población, carisma para dialogar y relacionarse con los demás, incluido los pobres, no es orgánica a esa clase o posición social. Ella hace buenos esfuerzos por parecerse a sus votantes, por identificarse con ellos, por asumir su perspectiva y sentires, pero no vive como ellos. Si bien ello no invalida que pueda optar por la posición de los más pobres, no la iguala, no le da identidad, no puede asumir su perspectiva.

Allí Castillo le lleva una enorme ventaja, que se refleja en las intenciones de voto. Es andino. Su carisma con la gente le viene hasta por su forma de hablar popular, que, si bien no tiene interferencias lingüísticas, no tiene un castellano culto, sino popular y rural. Pero eso que es un hándicap en sectores racistas y discriminadores, es un valor para sus votantes. Su vida es la vida de millones de peruanos y peruanas. Sus ideas y forma de expresarlas son las de ellos. Su vida es la de ellos. Terruquear a Castillo es terruquear a sus votantes. Terrible error que le costaría la presidencia a Keiko.

Riqueza y pobreza

Una cuarta razón es que Keiko estudió en Lima en colegios privados. Sus estudios universitarios los realizó en EE.UU., y tuvo viajes por el mundo, incluida Cuba. Lo cual es inaccesible para una persona de clase media, o clase media baja, no digamos del mundo popular. Y encima recibió dinero de gente muy adinerada, de la banca, industria, construcción, para financiar su campaña el 2011.

Además, el apoyo que viene recibiendo en esta segunda vuelta, es de parte de representantes políticos identificados con la riqueza, como Beingolea del PPC, López Aliaga, empresario dueño de Peruval Corp., accionista de Ferrocarril Transandino S.A., y presidente del directorio de Perú Holding de Turismo (PTHSAA) desde 1991. No es por tanto una identificación ideológica con el dinero, sino muy práctica y visible.

Si ello no bastara, han aparecido paneles electrónicos publicitarios en diversos municipios de Lima, que costarían “una fortuna”, y que no han sido reportados a la ONPE, por lo que no se sabe aún su costo y procedencia. Pero es claro que, al estar en simultáneo en diversos lugares, tener un diseño y contenido similares, y llamar a decir no al comunismo y temas vinculados, favorecen la campaña de Keiko y desprestigian la de Castillo.

Castillo afirma que su campaña se basa en el aporte de sus colegas docentes, y de sus seguidores. Lo cierto es que no tiene propaganda en grandes medios masivos. Sus presentaciones son austeras y sin la presencia de un despliegue de propaganda. Su estrategia se ha basado en presentarse en medios, e incluso en los que podrían ser adversos, y en la difusión en sus bases y círculos sociales, gremiales y políticos.

Por ello no es difícil identificar quien es quien, y quien representa a quien en esta campaña. De allí que, consciente o inconscientemente, la campaña de Keiko intenta desviar la atención hacia Castillo. No se habla de ella, para no tocar sus flancos. El más fuerte es su asociación con el poder económico, que viene de años y es sostenido en el tiempo. Al hablar del otro se silencia el hablar sobre ella, pero ello no impide a la gente darse cuenta de la realidad.

Poder simbólico

Esta quinta razón, subjetiva, tiene muchas consecuencias. Keiko tiene un poder simbólico personal asociado a la pelea, el liderazgo, la fuerza. Su lado positivo es su carácter de luchadora, resistente, combativa. Pero el negativo está asociado a su poder simbólico político, que representado en el autoritarismo, corrupción y concentración de poder y dinero. En Fuerza Popular la conocen como la “Jefa”.

Estos poderes simbólicos los demostró en la lucha por el liderazgo de su partido, justamente llamado Fuerza Popular, con su hermano Kenji, quién no pudo arrebatarle la conducción ni la candidatura. Y, aunque hay otros ejemplos como el de D. Salaverry, la característica de la representación del poder de Keiko es la fuerza, de cuyo uso ella intenta que no deje huella. El problema central es que también el afectado fue el legado del fujimorismo. Perdieron los tres.

Esta representación que grandes sectores tienen de Keiko, ha permitido crear colectivos como “No a Keiko”. El antifujimorismo es el partido político más exitoso en el país. Se nota que ella no es muy consciente de esa representación. O que quizá al asumirla, busca minimizarla, intentando desmarcarse del dinero, señalar que son temas ya resueltos, etc. O que no son verdad los actos de corrupción. O que ella es democrática, y no hizo una “dictadura parlamentaria” como dijo su hermano Kenji.

Pero este poder simbólico configura sin duda un enorme hándicap a su candidatura. Y el que definiría la decadencia del fujimorismo. Es pronto para hablar de extinción, porque peso social tiene. Sin embargo, el pico más alto del fujimorismo fue en el 2016 con la mayoría absoluta de congresistas, 73 de 130. La cual usó como herramienta de creación de conflictos a través de una “confrontacional”. Luego vino la crisis con su hermano, los avances y retrocesos por la liberación de su padre, la imposibilidad de romper vínculos con el fujimorismo tradicional de los 90, sus sucesivos errores, sumados a sus derrotas electorales, etc. Todo esto crea el escenario de la decadencia.

El poder simbólico de Castillo es su sencillez. Ser “como uno”. Vivir como profesor campesino. La gente, por no tener antecedentes, puede creerle cuando dice “palabra de maestro”, como antaño se decía “palabra de caballero”. Es este símbolo de la autenticidad el que viene desinflando la campaña mediática de desprestigio, de arrinconamiento, de aplanamiento. Es su capacidad de hablar en un lenguaje sencillo y directo, sin uso de frases o dichos académicos o políticos marxistas. Es el símbolo de la aspiración de un pueblo por conducir sus destinos, con limitaciones y fortalezas.

Diferentes intereses y fidelidades

Una sexta razón, es que los nuevos votantes de Keiko son más volátiles, porque no están con ella por vocación o identificación, sino por interés de no perder lo ganado, o evitar crear malas condiciones para su generación de riqueza o su tranquilidad. Eso hace que su convocatoria a otros para votar por Keiko sea débil. El foco es no votar por Castillo. El voto por miedo es igualmente paralizante. No busca en el voto la plenitud y satisfacción de su vida, sino minimizar el efecto negativo en sus intereses particulares, privados, económicos. Es un voto por conveniencia, frágil, voluble. Puede derivar en un incremento del voto blanco o nulo, que al final favorecería a Castillo.

Para los votantes por cualquiera de los dos, queda claro que los medios de comunicación de masas representan los intereses del gran capital, y por tanto promueven la candidatura de Keiko y rechazan la de Castillo. Unos lo justifican, otros lo critican. El canal Willax, de una derecha conservadora, es la expresión más radical, pero no la única. El programa Panorama -de uno de los principales canales peruanos, Panamericana Televisión-, y su conductora Rosana Cueva, se han convertido en baluartes del fujimorismo. Tanta puede ser la desesperación que no perciben que el descrédito de los medios es el descrédito de su candidatura. La arrastra.

El votante por Castillo tiene otros intereses. Los pobres y amplios sectores medios quieren mejorar su condición de vida, y van entendiendo que la causa no es su supuesta flojera, sino que hay todo una arquitectura política, social, cultural, ideológica que ha creado estructuras que reproducen la riqueza y también la pobreza. Contra esas condiciones, que la izquierda afirma que están inscritas en la Constitución del 93, la cual se dio en un ambiente, poder y espíritu neoliberal, insurge Castillo. Constitución que se dio en un repliegue de la izquierda y del campo popular. Él representa la ilusión, el sueño, el mito de una transformación, una reforma del sistema para lograr su bienestar. A eso le llaman comunismo.

Corrupción y más blindajes

Finalmente, y puede haber más razones, pero la población percibe que la corrupción es el principal problema del país. Y Keiko ha sido considerada la política más corrupta del país, y su padre Alberto Fujimori ocupó el cuarto lugar, tras el ex juez César Hinostroza. Keiko no sólo es considerada la más corrupta, sino que su bancada en el congreso blindó a corruptos, presumiéndose que hay vínculos con mafias como “Los cuellos blancos”.

En ese contexto, la guerra de arrinconamiento contra Castillo -que está deviniendo en una guerra sucia -perjudica más a Keiko que a Castillo. Así, la campaña “Ponte la camiseta” es percibida por muchos como la compra de conciencias de los jugadores por dinero. La gran crítica que se hace no es que ellos no puedan dar su opinión política contra lo que consideran la amenaza comunista de Castillo. Están en todo su derecho, sino que este apoyo ha sido orquestado, planificado, diseñado, y para algunos, comprado. El fondo es la corrupción.

La crítica no visibilizada, es que el poder económico corrompe, que la corrupción tuerce conciencias. Se identifica que en gran parte la campaña de Keiko es “anónima”, “voluntaria”, “espontánea”. Donde la actoría de ella se opaca. Ese disimular “las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza” hace que la gente reaccione más y cuestione las posiciones tomadas. La presunción es que hay un poder oculto detrás, y además que es corrupto y por tanto no desea aparecer, pero que está allí, escondido, subrepticiamente al acecho.

Así, hay la percepción de que el fujimorismo estaría vendiendo engaño, mentira, falsedad. Y eso en complicidad con el poder económico y los grandes medios de comunicación que ellos controlan. Desnudada la campaña, la estrategia pierde eficacia. Una mejor estrategia iba por cerrar la polarización, no confrontar al oponente, afirmar sus propuestas, cuestionar errores y debilidades del oponente sin satanizarlo. Transparentar sus intenciones, trastocando la percepción de corrupción detrás de la campaña. Muy tarde para eso.

A la tercera termina vencida

Keiko tuvo dos oportunidades de ser presidenta, el 2011 y 2016. De la que debió de haber aprendido fue de la primera con Ollanta Humala, que venía de ser derrotado el 2006, por Alan García. Igual que ahora, ganó la propuesta de izquierda nacionalista. Ganó el cambio y perdió la continuidad. Ganó la inclusión y perdió la continuidad de la desigualdad. Ella representó, ayer y hoy, a la derecha conservadora en lo social y político y al neoliberalismo económico. Va a contracorriente de la historia que apunta a la democratización e igualdad social y económica.

Humala copó esas expectativas apretadamente. Un análisis interesante del triunfo de Humala fue el de Benavente, del cual Keiko debió de haber aprendido. No lo hizo, y esta derrota es un acto contumaz, tenaz en el error. Ella continúa con el fujimorismo conservador, autoritario, abusivo, no sólo en el espíritu, sino reviviendo posturas y personas con nombres y apellidos del legendario gobierno de su padre: Alejandro Aguinaga, Baca Campodónico, Carmen Lozada, etc., que fue un factor de la derrota el 2011.

Keiko Fujimori nuevamente sería derrotada por la herencia autoritaria, de corrupción, de abuso del gobierno de su padre. Ella no pudo superar eso, pues al desprenderse y acusar al gobierno de su padre cometería un “parricidio”, como señala Benavente. Pero se ha consumado un “filicidio”. Este vínculo con el fujimorismo, su capital político más preciado que le ha permitido llegar por tercera vez a disputar la presidencia, es también su peor enemigo.

Un probable triunfo arrollador y sus lecciones

Se tendría poca perspicacia para no darse cuenta que estas siete razones, y quizá algunas más, llevan a un triunfo holgado de Castillo. No es sólo el carisma, el arraigo, sus orígenes, el leitmotiv, sino que devela que su candidatura está en sintonía con el surgimiento de una nueva sociedad. Castillo es a la vez un producto y un insumo de ese nuevo Perú. La pervivencia de la desigualdad, la exclusión y pobreza no se sostienen más.

Siempre habrá una fórmula democrática para canalizar el descontento. A cambio de que la democracia contribuya a cerrar las brechas históricas presentes en el actuar político nacional. A cambio de que los actores democráticos profundicen la democratización en curso de la sociedad, la potencien, le insuflen valores, razones y sentimientos de igualdad, libertad y fraternidad. Esto que debió haber ocurrido hace 200 años, en el bicentenario es una promesa incumplida. Ojalá Castillo y su equipo estén a la altura de semejante reto.

La lucha de clases se ha desplazado a la lucha electoral. Esta la representa. Existe el conflicto entre “ricos cada vez más ricos, a costa de pobres cada vez más pobres”, pero ya no es la eliminación, la muerte, el destierro del otro, sino su conversión y transformación por decisión de la mayoría. Es la posibilidad de entrar en un periodo de construcción de un estado de bienestar, de un estado social demócrata.

Esta reforma, en sí misma, ya sería una revolución. Y es que para el país hoy la construcción de un estado más justo, equitativo e inclusivo, se puede dar en el marco de la legalidad, del estado de derecho, de la democracia. Sin duda será una derrota histórica para minorías que aún creen que el poder nace del fusil. El país piensa que no son las armas, ni el conflicto, ni la violencia la partera de la historia. Es la conciencia de un pueblo que ve en su poder colectivo, electoral y social, la fuerza para los grandes cambios.

Pero será también una derrota histórica, por tercera vez, para la propuesta conservadora autoritaria y decadente, que hizo de la política un acto de corrupción, la lucha por la hegemonía un acto arbitrario de uso del poder y la construcción de una nueva sociedad en un acto de ganancia egoísta. El poder económico tendrá que evaluar su comportamiento, su perspectiva y su compromiso con el país y su población, especialmente los más pobres.

La sociedad ha aprendido que en democracia también puede hacer reformas y revoluciones. Se puede entonces construir una nueva sociedad en democracia. El nodo central es encontrar las personas capaces de realizar las transformaciones. Personal con pericia, experiencia y valores para avanzar en las transformaciones que se requieren y evitar la polarización. De allí que Castillo apele siempre a “palabra de maestro”, como un compromiso con la historia.

La derrota de Keiko no es sólo de ella, sino que es derrotado el pensamiento conservador que está detrás de su candidatura. Ella y ese pensamiento, colisiona con la actualización social, con la modernidad de la sociedad peruana. Perú se está volviendo moderno, en el sentido de buscar la igualdad, libertad y fraternidad. Lo pre moderno era la servidumbre en la que ha vivido el país en casi estos 200 años de república. Muchos conservadores peruanos aún son pre modernos, anti históricos y los grandes derrotados en esta histórica jornada democrática.

Un nuevo Perú surge de sus entrañas, de su historia y de sus hombres y mujeres que históricamente apostaron por transformar el país con la razón, la justicia y la fraternidad. Será el mejor regalo que el pueblo le haga a la patria en sus 200 años de enclaustramiento, atraso y vergüenza por un grupo de peruanos que vieron en la política y economía pública una forma de enriquecimiento, de robo y saqueo. Será un bicentenario para la historia.

Jesús Ospina Salinas – América Latina en Movimiento

 

Hugo Amanque Chaiña


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