Hugo Amanque Chaiñamarzo 8, 20218min109

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El médico Hipólito Chayña no está muerto, está vivo

hipolito medico

Hacen muchos años un profesor me dio los siguientes consejos que son muy útiles para cualquiera: “Cuando estés de visita en un hogar que no conoces, nunca no hables de religión ni de política, igual si te diriges a una multitud y ten cuidado de no expresar tus sentimientos.  Porque con la gente que piensa distinto te puede ocasionar distanciamientos”. Hoy mucha timidez expresaré lo que pienso y considerando que respetos guardan respetos, me atrevo a escribir este artículo de opinión.

La mayoría de la población mundial cree en alguna religión, por lo que hay que tener respeto absoluto. Otros no creen en nada, los llaman ateos o materialistas, también hay que respetarlos. Por eso pido se respete mi manera de pensar.

En mi país, en mi ciudad y en mi familia prima la religión católica. Yo creo en una variante: En el infierno están los peores, los tiranos. Los torturadores, los soplones, los que hacen comercio con las menores etc. etc., etc. El purgatorio las cosas deben ser como en el planeta tierra, en el hay de todo. El cielo es inimaginable.  Para todos ellos debe haber una súper autoridad, cuasi infalible, no me atrevo a llamarle Dios, que estará muy ocupada, con la ayuda de sus asesores y ayudantes, si me aceptan los llamaremos apóstoles, santos, mártires, etc., quienes estarán calificando y clasificando a todos los que llegan.  La más conocida es una señora María que la conocen por todos los lugares que ha visitado: Chapi, Lourdes, Guadalupe, Lujan, Aparecida. Dicen que su influencia es decisiva.

Pienso que en el cielo debe haber un súper hospital, modernísimo, dirigido por un doctor llamado Hipócrates, dentro del cuerpo médico está un joven recién egresado, llamado Daniel Alcides Carreón, también están, Mariano Lino Urquieta, Mariano Palao Villegas y muchos otros. El hospital que cuenta con salas especiales para todo tipo de dolencias.

El cielo es para las buenas personas eso nadie discute. Sueño que los médicos sacrificados y con auténtica vocación, por disposición superior tienen mucho trabajo en el súper hospital. ¿Para qué y por qué? Pienso que no tendría mucha gracia que todos los que están en el purgatorio-tierra esperando su turno para que el algún momento, por un milagro, están hermosos como tarzanes o bellísimas como artistas de cine pasen al cielo sin ningún esfuerzo. No.

Supongo que primero los tienen que mandar al súper hospital para curar sus quemaduras de piel, sus ulceras varicosas, su artrosis, su peritonitis que los llevó a la muerte,  su tuberculosis pulmonar, su sífilis, sus fracturas  que los condujo  caminar con muleta toda su vida, su ceguera y sordera total,  sus polimiositis y polineuritis definitivas,  su lesión cerebral que los hizo vivir con déficit mental, llamada locura, tratar a los niños desnutridos,  a las madres que han muerto por el  trabajo  de parto no atendido a tiempo, los que han muerto por uremia por no operarse de la próstata a tiempo, los muertos por epidemias que pudieron ser controladas, y por muchísimas causas más.

Pienso pues que los únicos que están muertos son los muertos. Los demás, los héroes, los sabios, los músicos, los poetas.  Los que dejaron de existir en las cámaras de gas, en las salas de tortura, en el exilio, etc. ESTAN VIVOS. Sueño que en ese súper hospital continúan trabajando los médicos.  No me parece correcta la frase de despedirlos con la frase común “Descansa en Paz”. Al contrario, es cuando más va a trabajar el médico.

Estimado Hipólito, te he conocido desde estudiante y aprendiste bien esa lección que decía, “Que, ante una enfermedad, o dolencia, primero es el paciente, después los papeles”. Yo te lleve una pacientita oligofrénica o débil mental como se dice. Su madre es una ancianita quechua hablante, de más de ochenta años, que no conocía ni la ciudad, menos puerta de un hospital. Tú Hipólito, te moviste como un motor, un avión, no sé qué adjetivo poner, le hiciste los análisis y los exámenes. Al poco rato la llevaste a sala de operaciones y encontraste una vesícula llena de pus (piocolecisto). Podría reventar la vesícula y morir la pacientita. Tú la salvaste y te acordaste de esa lección que siempre nos enseñan a los médicos: “Primero es el paciente y después los papeles.” La ex –pacientita, ahora está muy bien y seguro te agradecerá siempre.

Yo no creo en el titular de un periódico de Arequipa que en primera plana tituló:  Murió el Médico de los pobres”. No. Tú eres un médico de todos. Ahora que estás en el súper hospital, supermodernisimo del cielo, estarás trabajando más que antes junto con los otros colegas que abras encontrado.

Otro trabajo que tuviste y seguirás teniendo es tu labor gremial o sindical. Seguro que allá donde estás, por disposición del gran jefe y de la señora María   estarás en ese comité especialísimo que puede entrar y salir de toda parte, para revisar los pliegos de reclamos de los que están en la tierra-purgatorio para darles paso si lo merecen.

Con afecto me he atrevido a escribir estas líneas estimado Hipólito, que en paz descanse y de Dios goce, como tu ex profesor de Urología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa, ya que en vida cumpliste el juramento hipocrático de los médicos.

 Ayar Peralta Vizcarra – Doctor en Medicina.

Hugo Amanque Chaiña


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