Hugo Amanque Chaiñafebrero 8, 20219min780

Left Banner

Left Banner

El valor del voto de los ciudadanos en democracia

votaciones

Las elecciones permanentes en nuestro país, confirman que vivimos en democracia, ya que el soberano es quien define en las ánforas y quien debe gobernarlo en su nombre en la llamada democracia representativa. Aunque suene contradictorio, las elecciones no resolverán los problemas de un país por arte de magia ya que generalmente hay demandas embalsadas que toman mucho tiempo solucionarlas. Nuestra democracia tiene fortalezas, pero también debilidades. Asimismo, tenemos ciudadanos e instituciones responsables e irresponsables. Podríamos afirmar entonces que tenemos una democracia joven e imperfecta propia de un país subdesarrollado.

Poco hemos reflexionado sobre el valor de nuestro voto en las ánforas. El destacado marketista Rolando Arellano, afirmó en uno de sus libros de marketing lo siguiente. Cuando una persona ahorra dinero y decide comprarse ropa, refrigeradoras, vehículos o casas, concurre al establecimiento donde ofrecen estos productos, y pregunta y repregunta sobre los costos, el mantenimiento, la garantía, las cuotas y una vez que recibe toda la información que requiere de lo que le interesa, recién procede a la suscripción del contrato. Es que la compra de un producto o servicio, supone un egreso económico de sus ahorros o prestamos por muchos meses o años, por lo que es diligente en las adquisiciones ya que una vez que paga el dinero, el producto adquirido o servicio prestado, formará parte de su patrimonio personal o familiar. Es decir, somos muy rigurosos y exigentes en las compras de bienes y servicios que requerimos.

Pero ese mismo rigor y exigencia, no lo tenemos ni lo practicamos la mayoría de ciudadanos cuando estamos en un proceso electoral. No indagamos sobre la trayectoria del candidato, no averiguamos sobre sus antecedentes personales, laborales, profesionales. Mucho menos sobre el ideario, el programa, estatuto o plan de gobierno del partido político o alianza electoral que se presenta en las elecciones. Los electores peruanos en su mayoría no votan por programas y generalmente votan por el “carisma” del candidato. Un gran sector de electores argumenta que la “política ni los políticos no les interesa, porque no vive de ellos”, ya que el elector o electores “vive de su trabajo” y no de los favores políticos.

Es decir, algunos ciudadanos estiman que ellos viven en una “burbuja” y los políticos en el lodazal donde los ciudadanos no deben “entrometerse”. Nos olvidamos que en una sociedad convivimos los gobernantes y gobernados, por lo tanto, tenemos que ser muy responsables y diligentes al momento de elegir a quien vamos a delegarle nuestro voto para que gobierne en nuestra representación. Al candidato que elijamos a la presidencia o al parlamento según nuestra afinidad política e ideológica, debemos ser conscientes que ese ciudadano definirá por nosotros cuando asuma el gobierno la decisión de aprobar decenas de normas legales, aprobar presupuestos en millones de soles, definirá millonarias adquisiciones o contratos, ya que tomará decisiones que nos puede beneficiar o perjudicar en nuestra ciudad o país.

De allí la importancia del valor de nuestro voto. Nuestro voto en las ánforas electorales no es más que un “contrato electoral” de buena fe que nosotros como electores damos en beneficio de un candidato o un partido político o alianza electoral de un acuerdo a un programa de gobierno presentado ante el electorado y para un cargo especifico en nuestra jurisdicción territorial. Por lo tanto, nuestro voto en las ánforas viene a ser un “premio” adelantando al candidato que creemos personalmente reúnen las condiciones básicas para gobernar en nuestro nombre. Eso nos obliga a ser muy responsable y diligente para escudriñar la hoja de vida del candidato, pero también de su agrupación política.

Generalmente, cuando hay elecciones ese rigor y diligencia personal hacia los candidatos no se utiliza. Unos votan porque el candidato tiene buen floro, otros porque se dejan convencer por la propaganda política, otros porque el candidato les dio un pequeño regalo, otros por convicción ideológica o política y otros por cualquiera cosa, ya que, si no vota en las ánforas, tendrá que pagar una multa electoral y no podrá hacer tramites porque su DNI no tendrá el sello de la ONPE. Es cierto también que la mayoría de ex candidatos que luego fueron gobernantes, no ejecutaron sus planes de gobierno y se corrompieron de allí, que hoy las encuestadoras afirman que más del 50% de electores no confían ni en los candidatos, ni en las organizaciones políticas, porque se han deslegitimado y no han sido ni honrados, ni austeros y muchos menos transparentes, lo que a futuro tendría que evaluarse la posibilidad de incluir en el Código Penal el delito de estafa electoral, para sancionar con cárcel a los políticos que no cumplen sus promesas electorales, que en otro momento analizaremos.

Es necesario efectuar una reseña histórica del derecho al voto en nuestro país. En 1921 cuando nuestra patria cumplió el primer centenario de independencia nacional, el voto o el sufragio electoral, fue un privilegio que un pequeño sector de la población tenia y solo podían elegir y ser elegidos los que sabían leer y escribir, debían tener 25 años de edad, que décadas después se redujo a 21 años y recién en el siglo XX se redujo a 18 años como hasta hoy se mantiene. Incluso, hasta la década del cincuenta del siglo XX, los analfabetos y las mujeres no podían ejercer su voto electoral, ya que imperaba una cultura machista y discriminatoria hoy superada.

Estamos en el año 2021 del primer bicentenario de independencia de nuestra república peruana y hoy como ayer tenemos problemas nacionales irresueltos en todo el país, ya que no hemos tenido una elite política, económica y social con sentimiento patriótico que nos conduzca a buen puerto. Pese a ello, en las últimas décadas, hemos tenido elecciones periódicas que ha evidenciado un pluralismo político. Antaño, se proscribió legalmente a partidos políticos, pero hoy en el siglo XXI tenemos derechos y garantías que son indicadores que tenemos democracia, aunque imperfecta y precaria, especialmente en ciudadanía e institucionalidad.

Pese a los avances, la mega corrupción en el estado y la sociedad peruana, es un peligro que nos acecha ya que es un cáncer social que no lo hemos extirpado y hay un sector de la población que ya no cree en nadie, por lo que la anarquía y extremismo izquierdista o derechista es un riesgo latente que tenemos que enfrentar tarde que temprano. No podemos separar el valor del voto personal que cada ciudadano tiene, del valor colectivo de la solidaridad en nuestra sociedad. Por tanto, antes de votar, primero debemos analizar rigurosamente a los candidatos y luego tomar una decisión en base a un razonamiento. Si la política es poner orden al caos imperante, nuestra voluntad ciudadana debe ser ejercida responsablemente a través del voto para buscar el bien común al que todos aspiramos. Eso no debemos olvidarlo el domingo 11 de abril del 2021 cuando concurramos a las ánforas para elegir al nuevo presidente, congresistas y parlamentarios andinos.

Hugo Amanque Chaiña – Periodista y Abogado

Hugo Amanque Chaiña


Post Banner

Post Banner