Hugo Amanque Chaiñajulio 20, 20208min391

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5G: Mitos y Realidades

5G

Si uno cuenta con un dispositivo móvil encendido y con servicio, significa, definitivamente, que una antena celular se encuentra a una distancia entre los 50 m y 500 m de donde uno se ubica, y que está irradiando ondas electromagnéticas, no desde hace poco, sino desde hace muchos años atrás. Estas ondas electromagnéticas se emiten con una potencia controlada y, al interactuar con el cuerpo humano, producen un imperceptible aumento de temperatura que el cuerpo autorregula. Es imperceptible, pues el aumento de temperatura producido es mucho menor a 1 grado. La energía de esta onda electromagnética (que es discreta y asociada a la energía del fotón) no es suficiente como para ionizar las moléculas del cuerpo y producir algún daño celular. El efecto térmico descrito, es el efecto reconocido que se ha dado en las tecnologías 2G, 3G, 4G y se presentará en la siguiente generación 5G.

El origen de las reacciones desproporcionadas frente a la tecnología de comunicaciones móviles -en este caso, las de 5G-, que hemos conocido por la prensa estos últimos días, está en actos premeditados de personas u organizaciones que monetizan, y consiguen rédito en las “visitas”, “clics” y “likes” de las fuentes de contenido en redes sociales. Es una combinación muy perniciosa que tiene una muy pequeña parte de verdad y una gran parte de falsedad, todo empaquetado en un formato de fácil asimilación; en suma, una operación publicitaria perfecta.

En este caso, los ingredientes combinados son, para comenzar, el advenimiento del despliegue de tecnología 5G en todo el mundo; lo cual ya de por sí es novedoso y genera expectativa. A ello se suma la preocupación que todos tenemos por nuestra salud en el marco de la COVID-19. Todo lo que tenga que ver con la pandemia nos interesa sobremanera. Y si alguien, astutamente, nos dice que “las antenas 5G transmiten el virus”, definitivamente, ya tiene nuestra atención. Si a esto se agregan otros mecanismos directos o subliminales de persuasión, como citar a un tal experto o a un supuesto testimonio, a un ignoto estudio clínico, etc., pues será suficiente para convencer y persuadir a una cantidad grande de personas expuestas a este contenido. Y mediante un mecanismo de viralización en las redes sociales se vuelve una tendencia que preocupa a toda la opinión pública.

En el Perú, al tiempo que se escribe este texto, es importante dejar claramente establecido que no existe ninguna red de tecnología 5G que esté en funciones en todo el territorio. Es más, ni siquiera se encuentra en tránsito a ser desplegada y, menos, operada. El despliegue de una tecnología de red móvil en un país o territorio, es un proceso complejo que tiene, en síntesis, tres grandes fases. La primera abarca todo el tema legal y regulatorio, y se activa una vez que la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) aprueba los estándares técnicos.

Es cuando cada Estado soberano adopta, junto con los estándares técnicos UIT, un modelo regulatorio. Esta fase concluye con pruebas piloto. La segunda fase es aquella en la que se hace toda la planificación de la red a ser desplegada. La tercera y última fase se dedica a las instalaciones de los componentes de la red, entre las cuales están las estaciones de radio que necesitan antenas para funcionar. Es cuando aparecen en el paisaje las antenas que, equivocadamente, algunos creen que transmiten el virus.

Como todo recurso tecnológico, el uso de las ondas electromagnéticas se da en la sociedad dentro de un marco regulatorio muy sólido y racional, que tiene como propósito primordial el buen uso de un recurso escaso, como es el espacio radioeléctrico, atendiendo a la vez las funciones propias de la comunicación y la compatibilidad con las cosas, las personas y el medio ambiente en general.

Este marco regulatorio es cumplido por los fabricantes y los operadores de todos los elementos que forman parte de la red. Y este cumplimiento es mandatorio. En particular para el nivel de exposición a las radiaciones no ionizantes, se sigue las recomendaciones de la Comisión Internacional de Radiación y Comisión Internacional sobre Protección Frente a Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP, por sus siglas en inglés).

La comunidad internacional de la ingeniería de las telecomunicaciones y de las ciencias físicas, tiene a una abrumadora mayoría de sus integrantes totalmente convencidos de que el uso de las ondas electromagnéticas en comunicaciones en general, y las que corresponden a las bandas de telefonía móvil 3G, 4G y 5G específicamente, son inocuas para el tejido orgánico vivo y no transmiten agentes relacionados con las patologías humanas. Hay una muy pequeña minoría que no piensa así y que tiene el enorme desafío de aportar evidencia experimental sólida que demuestre lo contrario. Hasta ahora eso no ha ocurrido.

Por otro lado, es importante mencionar que la tecnología 5G y su impacto son temas que no se han dejado de estudiar, como puede verificarse en el portal de la RWTH Aachen University, donde podemos encontrar más de 30,000 publicaciones relacionadas con el tema. Por nuestra parte, en la PUCP, en el laboratorio de Tecnologías Inalámbricas, también se estudian los niveles de exposición electromagnética utilizando modelos multicapas en diferentes regiones del cuerpo humano. Es fundamental, por lo tanto, no dejar de investigar y evaluar las fuentes que utilizamos para informarnos permanentemente.

 Manuel Yarleque, Luis Montes, Ángelo Velarde y David Chávez – Docentes Ingenieros de la PUCP

 

Hugo Amanque Chaiña


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