pressadminmarzo 17, 20207min149

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El Corona con Virus

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Siendo el tema de conversación generalizado y totalmente copado en los medios de comunicación, el coronavirus o Covid-19, pandemia que está ocupando todas nuestras actividades actuales sacándolas de su ritmo normal y causando una serie de preocupaciones, perjuicios, desgracias y psicosis de todo tipo en las personas y gobiernos de todo el planeta, conversando con un ilustre amigo, también tocamos irremediablemente el tema.

Ninguno de los dos somos médicos y mucho menos infectólogos, pero nos jactamos de tener un poco desarrollado el sentido común. Algunas de las cosas que se están haciendo nos parecen malas y otras buenas, como siempre nunca hay nada perfecto. Aunque en este caso, consideramos que la balanza se inclina más en los defectos por soluciones populistas y políticas que técnicas.

De repente, espontáneamente, cambiamos de corona virus al corona con virus. El coronavirus es una chancay de a veinte, trascendente en estos días, pero insignificante al lado del corona con virus; nos referíamos al poder o a los encargados del poder con el virus de la corrupción, ese sí es un virus letal de consecuencias calamitosas y que produce daños por varias generaciones engendrando pobreza, miseria, desigualdad y falta de humanidad.

La epidemia se presenta solo en unos cuantos, poquísimos, pero las consecuencias perniciosas se extienden a millones de habitantes. Presidentes de la república, gobernadores regionales, alcaldes y unos cuántos funcionarios públicos, con unos cuantos empresarios inescrupulosos con ese virus, son capaces de hacer subir la fiebre, doler la cabeza y causar neumonías mortales a toda la población actual y a muchas venideras.

En los últimos 40 años, en el Perú, desde el año l980, todos los presidentes de la república elegidos Alan García, Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski que gobernaron 32 años, han terminado con serios problemas con la justicia por una serie de delitos vinculados con la corrupción y muchos alcaldes y gobernadores regionales (23 de los 25 del periodo 2011-2014 por ejemplo), en idénticos problemas.

El problema con la clase política, es que tienen las manos sucias, apestosas, asquerosas y al parecer no hay agua con jabón ni gel anti bactericida capaz de eliminar o matar ese virus; además, obviamente, que no saben o no les enseñaron a tener las manos limpias o asearlas para impedir cualquier contaminación.

Cómo es posible que un consorcio empresarial (con socios extranjeros y nacionales) y cuatro gobiernos nacionales, más algunos locales, nos hayan robado a los peruanos –según cálculos conservadores, 25 mil millones de dólares- ingentes cantidades de dinero cuando nuestras condiciones y calidad de vida rayan en la miseria. Manos sucias que han contaminado con la corona con virus a todo el entramado estatal hasta los huesos.

Dicen los especialistas que las potencialmente víctimas del coronavirus y con altas posibilidades de riesgo son aquellas sin defensas, con bajas defensas o con un deficiente sistema inmunológico por alguna enfermedad o dolencia previa. El corona con virus que siempre estuvo latente desde el nacimiento de nuestra república se despabiló y potenció a sus anchas luego del gobierno militar y el auto golpe con un país des institucionalizado, políticos debilitados y una democracia totalmente débil nos encontró sin defensas y sin un sistema inmunológico democrático, teniendo un caldo de cultivo fértil para realizar sus fechorías.

A estas alturas, fabulando un poco –qué nos queda-, imaginémonos la calidad y cantidad de colegios, hospitales, pistas y puentes, puertos y aeropuertos, comisarías y seguridad, infraestructura hidráulica, edificios públicos, etc., todos de excelente calidad que podríamos tener con todo el dinero robado a las arcas estatales. Tema aparte y fundamental, la educación, desde las universidades y colegios, que nos hubiera permitido tener expertos profesionales y ciudadanos responsables. Seríamos, con toda seguridad, en estos tiempos, ciudadanos del primer mundo. Claro, con las manos limpias y sin contaminación.

Contradictoriamente, mientras todo el mundo trata de evitar la contaminación del coronavirus, algunos pocos, que aspiran a ser privilegiados, quieren acceder a la corona y con el virus de la corrupción para beneficiarse individualmente en perjuicio de toda la población. Dice Camus (La Peste, 1947) que lo único que salvó a Oran –la ciudad infestada- fue la solidaridad y que es la fuerza moral la única arma que nos puede salvar de las epidemias.

Es preciso que los que tienen corona, autoridades o personas con poder, se hagan un aseo profundo de las manos para evitar la contaminación con el virus de la corrupción, apelando a la humanidad, honestidad, transparencia y mucha moral para que construyan un sistema inmunológico ético eficiente y eficaz que les permita exhibir frontalmente la limpieza de sus manos y la forma de mantenerlas así fomentando la solidaridad y la coexistencia de todos los compatriotas con idénticas oportunidades de igualdad y equidad.

Solo así evitaremos las peleas y resentimientos, los deseos fratricidas contra nuestros conciudadanos, los sentimientos de frustración, deseos de largarnos a otro sitio y la constante molestia de no tener una vida colectiva e individual mínimamente aceptable.

José Falconi Picardo – Docente Universitario

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